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arielsegal@hotmail.com

El resultado de las recientes elecciones de Israel dejó al partido Likud, de Benjamin Netanyahu, en una disyuntiva en la cual, para formar gobierno, tendría que aliarse con partidos nacionalistas y religiosos que obtuvieron poca votación o plantearse un gobierno de unidad nacional con el Campo Sionista (conformado por el Partido Laborista, de Haim Herzog, y Kadima, de la ex canciller Tzipi Livni), con 24 de los 61 o más escaños de los 120 del Parlamento. Algunas reflexiones:

– A pesar de la cada vez mayor peligrosidad de la situación del Medio Oriente, cerca de la mitad de los votantes hizo más caso a los problemas domésticos, en especial el del alto costo de vida y la dificultad para la clase media de obtener vivienda propia. Esto se refleja en la alta votación de partidos de centro y de izquierda que se posesionaron bien junto al Campo Sionista, con los partidos de centro Hay Futuro, de Yair Lapid (11 escaños), y de Todos, de Moshe Kahlon (10), líder de la llamada "revolución del celular" que acabó con el monopolio que había en la telefonía del país.

– Por primera vez, los partidos árabes israelíes, que representan a la minoría de musulmanes y cristianos del país –alrededor del 20% de la población–, no fueron separados, y su bloque parlamentario, Lista Árabe Unida, quedó en tercer lugar, por lo cual tendrá más voz tanto en políticas relacionadas al conflicto palestino-israelí como en cuestiones internas sobre la excesiva influencia de partidos ortodoxos judíos en el escenario político israelí.

– Netanyahu afirmó que, de ganar, no se crearía un Estado palestino en un Estado palestino. Para formar un gobierno de unidad nacional debe retractarse y negociar con la Autoridad Palestina.