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arielsegal@hotmail.com

Cuando los gobiernos de cinco potencias mundiales, la CE y EE.UU. firmaron el acuerdo con Irán para la supervisión de sus instalaciones atómicas, las naciones del Medio Oriente se opusieron porque este permite que esa potencia del Medio Oriente siga desarrollando su proyecto nuclear (supuestamente "solo" con fines energéticos). El levantamiento del embargo económico a Irán, que la forzó a negociar con "el gran Satán" norteamericano, permitirá que su régimen, eventualmente, pueda comprar misiles de largo alcance que, de no cumplir con sus obligaciones, dejan a Israel como "al que hay que aniquilar" y a los países árabes sunitas –que según sus clérigos deben ser parte de un imperio persa chiita– con una preocupación más que genuina.

Recientemente, el secretario de Estado John Kerry, el de Tesoro, Jacob Lew, y el de Energía, Ernest Moniz, comparecieron ante una comisión del Senado y tuvieron dificultades para responder preguntas de los republicanos, pero también de algunos demócratas con dudas de si a la larga el acuerdo con Irán hará o no al Medio Oriente más estable.

De no recibir Obama el respaldo de todos los demócratas, minoría en ambas cámaras del Congreso, quizá deba plantearse, humildemente, las sugerencias de sus opositores e invitar a los iraníes a una nueva ronda de discusiones (hace poco más de un año fueron los persas quienes se retiraron, por meses, de la negociación), pues podría dejar un legado peligroso para su sucesor en la Casa Blanca. Si Bush fue a una guerra con permiso del Congreso, con más razón Obama debe tomar en cuenta a esa institución del Estado norteamericano para aceptar un trato que ni siquiera implica una firma de paz con el país en conflicto.