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arielsegal@hotmail.com

¡Qué bien le vendría a Dilma que Brasil gane la Copa América para sobreponerse a la derrota deportiva y los sinsabores de "su" Mundial colmado de protestas, pero, sobre todo, para distraer la atención de los actuales escándalos de corrupción de Petrobras, mientras varios empresarios brasileños vinculados a políticos de su partido van cayendo en manos de los tribunales!

¡Qué bueno sería para Cristina que una victoria de Argentina silencie el caso del fiscal Nisman, muerto en extrañas circunstancias, un día antes de denunciarla ante el Parlamento por un pacto de impunidad a los responsables iraníes del atentado de la mutual judía AMIA, a cambio de jugosos acuerdos comerciales. Lio Messi y compañía serían un bálsamo para la Sra. K, ahora que circula un video sobre cómo se alteraron las pruebas que supuestamente demostraban "el suicidio" de Nisman, y cuando se agudiza la crisis económica de su país! ¡Y qué bien le vendría a Maduro que Venezuela gane por primera vez un campeonato de fútbol para que el pueblo tenga una alegría entre tanta escasez, crimen, anarquía, represión y el peor índice de inflación del mundo!

¡Cómo gozaría Evo si, precisamente en Chile, que no quiere cederle acceso al mar a Bolivia, su selección gana la Copa, o Nadine Heredia (y su esposo Humala) si Perú hace el milagro para que por unos días no se hable tanto de sus sospechosos ingresos, cuentas bancarias y de su frivolidad al hacer shopping!

Pero quien necesita urgente la victoria es Michelle Bachelet, pues la calle está ardiendo por el descontento de sus promesas demasiado ambiciosas y con escándalos de corrupción que, de no ganar Chile, se puede generar un infierno para su gobierno.

América lucha por la embriaguez de una Copa.