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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

En nuestro caso, el tema de ancianos desamparados también estuvo recientemente en la primera plana de los diarios con el incidente de la abuela de la vicepresidenta. Así, tenemos que doña Digna de Espinoza vive en estado de pobreza y, como tal, se acogió a la pensión de sobrevivencia que el Gobierno ha creado. Ella cumplía todos los requisitos de acuerdo con el primer ministro. Por tanto, no había nada de malo.

Sin embargo, la vicepresidenta, adelantándose al escándalo político de tener a su abuela recibiendo un subsidio del Estado, anunció que había solicitado que fuera desafiliada de inmediato. No sabemos con qué derecho decidió que ya no debería recibir la pensión. Seguramente su carrera, y no el bienestar de la anciana, era su principal preocupación.

Por otro lado, en el Perú tenemos dos graves amenazas sobre ancianos en el mediano plazo: la primera es un sistema público de pensiones con 3 millones de afiliados basado en el modelo de reparto, que será imposible financiarlo y que, tarde o temprano, terminará quebrando. La segunda es que casi la mitad de los peruanos en edad de trabajo no está contemplando ninguna pensión y la mayoría de ellos terminarán desamparados.

Al final, solo el 30% de la población que ahorra en cuentas individuales en el sistema privado tiene asegurada su jubilación. Ahora que la reducción de las comisiones de las AFP ya está en marcha, el Gobierno debería enfocarse en reformas de fondo y eliminar esas dos amenazas. No queremos tener a un futuro ministro de Economía desesperado imitando a su colega japonés con un comentario tan desatinado.