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Los aventureros en política se rodean de otros aventureros. Una tautología tan simple que estalla en nuestras caras cuando vemos todos los casos de corrupción y gestión de intereses durante el gobierno de la "honestidad para hacer la diferencia". Solo Alexis Humala tiene filiación nacionalista formal. Ni siquiera Omar Chehade se atrevió a inscribirse, mucho menos Martin Belaunde Lossio. ¿Para qué obtener militancia si el business no lo requiere?

Cuando el proyecto electoral lo lidera una agrupación política nueva –que ni siquiera busca institucionalizarse, sino probar suerte–, atrae y reproduce una red de contactos informales. Se construye así una infraestructura de consultorías, financistas, lobbistas y operadores sin jerarquías ni lealtades más allá de la ambición por el vil metal. No hay cuadros partidarios responsables, sino caseritos que pululan cerca del 'negocio' como abeja al panal.

El objetivo es, una vez en el poder, emprender una 'APP'. Pero no estamos ante la alianza público-privada que ayuda a gestionar los recursos de un Estado ineficiente, sino ante el usufructo corrupto y ventajoso que practican 'amigos' cercanos de políticos y ministros influyentes. Así, presidentes regionales y parlamentarios se conectan con empresas que financiaron campañas electorales y que, luego, 'promueven' obras públicas. ¿Qué mejor 'APP' que las que procuró Martín Belaunde entre sus contactos nacionalistas y regionales y las empresas que representa?

Cuando un operador partidario se ve envuelto en estos casos (León Alegría), el partido paga; cuando la conexión es más informal (Belaunde Lossio), el 'partido' puede zafar cuerpo, salvo que se destape la gravedad de la asociación. Otra ventaja más con la que cuentan los 'outsiders' y sus clientes.