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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

Ello le está ocurriendo al Gobierno; las consecuencias de la inacción en facilitar nuevos proyectos así como de la agresividad con la que el mandatario ataca al sector privado –luego de su reencuentro con allegados chavistas en los funerales del venezolano– es que la confianza tanto de consumidores como de empresarios se está desplomando y la economía se está desacelerando.

Así tenemos que, desde hace varios meses, venimos creciendo por debajo de nuestro potencial de 6.5%, el cual es el piso para cualquier gobierno ya que a ojos cerrados debería lograrlo. Incluso ese era el nivel que se estuvo obteniendo por inercia sin hacer nada, hasta que el temor a la Gran Transformación y la falta de nueva inversión para sostener el entusiasmo bajaron de tal manera la velocidad que el piloto automático se ha apagado.

Ahora estamos frente a la posibilidad de un desplome bien marcado, si el Gobierno no hace algo para recobrar el impulso y que el piloto pueda ser nuevamente instalado. En realidad, si se pierde la confianza, la economía no se queda estática, de la desaceleración inicial se puede pasar con rapidez a una recesión si se genera un pesimismo generalizado.

Por ello, el Gobierno tiene que salir de su letargo y empezar a promover inversiones con convicción. Se debe fijar la meta de entregar no menos de 12 concesiones al año y de asegurar que 2 o 3 proyectos mineros de envergadura sean destrabados. Nunca en la historia del Perú hemos tenido tantos recursos esperando ser invertidos si se levantan obstáculos burocráticos. Sería un verdadero crimen que Humala los termine desperdiciando.