(Foto: Leandro Britto / GEC)
(Foto: Leandro Britto / GEC)

A la espera de los resultados finales, candidatos, organizaciones partidarias y ciudadanía deben mantener la calma hasta que concluya el conteo oficial que realiza la ONPE y confiar en que el JNE haga públicas, como ha garantizado, tanto las deliberaciones como las votaciones de las actas observadas.

Se debe, pues, respetar y confiar en el trabajo que hacen los organismos electorales, que hasta el momento han cumplido con eficiencia y patriotismo, sobre todo tratándose de unos comicios tan reñidos y polarizados, donde las suspicacias están a la orden del día.

Azuzar a la gente para presionar en las calles a favor de uno u otro resultado sin esperar el cómputo del último voto no solo es antidemocrático, sino que señala de manera irresponsable el derrotero de un desborde, que solo perjudicará al país, sea cual fuese el desenlace.

Ambos candidatos firmaron documentos de respeto a los principios democráticos. Las objeciones de cada candidatura sobre actos específicos que consideren como irregulares deben canalizarse a través de sus personeros o abogados, ante las instancias correspondientes e incluso ante las misiones de observación electoral.

Las vigilias y las vigilancias del voto deben hacerlas los personeros, no las masas agitadas en las calles. Eso no es responsable ni prudente. El proceso para el conteo de los votos de aquellas actas observadas –más de 1,300 hasta el momento– significa un trámite que no dura un día, como lo explicamos en Perú21. En consecuencia, se debe esperar ese último voto resuelto por el JNE, así como el último voto de las actas del extranjero.

Recordemos que en 2011 las elecciones fueron el 5 de junio y se proclamó al ganador el 23 de junio. En 2016 las elecciones fueron el 5 de junio y solo el 28 de junio se supo quién ocuparía el sillón de Pizarro.

Una vez que todo esté oleado y sacramentado por la ONPE y el JNE, los candidatos deben respetar y reconocer el resultado final. Lo que se debe evitar a toda costa son los festejos adelantados o las proclamaciones unilaterales de victoria. Los grandes liderazgos también se demuestran en esos momentos.