El año que se va, la esperanza que renace

Martín Vizcarra

Martín Vizcarra cierra el 2018 con una aprobación superior al 60%, según última encuesta. (GEC)

El año que se va, la esperanza que renace. (GEC)

Cecilia Valenzuela
Cecilia Valenzuela

Según el cristal con que se mire, 2018 fue un año vertiginoso, precario, colmado de incertidumbre y marcado por el inicio de una autocracia; mientras, para otros, fue un año extraordinario, profuso, en el que se definió la lucha cabal contra la corrupción y, por lo tanto, muy auspicioso para la democracia.

¿Cuáles fueron los factores que determinaron esta suerte de dicotomía política, esta lectura, diametralmente, distinta de la realidad?
En mayo, dos meses después de que Martín Vizcarra asumiera la presidencia, la mayoría en el Congreso promulgó la ‘Ley Mordaza’ promovida por el congresista Mulder. Aunque cinco meses después, esa ley, que impedía al Estado comunicar a través de los medios privados, fue declarada inconstitucional con el voto unánime de los magistrados del TC, su efecto golpeó al presidente Vizcarra y a todo el Ejecutivo. La ciudadanía percibía que su gobierno estaba paralizado. Pero a él, el mensaje de sus opositores de “Te dejamos asumir la presidencia, pero no construirás una imagen destacada”, le quedaba claro.

Por supuesto, para encubrir su verdadera intención, los mismos congresistas del Apra y del fujimorismo iniciaron en las redes sociales una campaña de desprestigio contra la prensa y los periodistas llamándonos mermeleros y desorientando a sus militantes, a los que han convertido en vulgares y tristes troles.

Sin embargo, en junio, la aparición en la prensa de los audios que revelaban la podredumbre en el Consejo Nacional de la Magistratura, en la Fiscalía Suprema y en la Corte Suprema, cambió por completo el escenario.

La existencia de una banda de delincuentes disfrazados de jueces y fiscales, vendiendo sentencias, cautelares, resoluciones, paralizando o interrumpiendo investigaciones, puso en evidencia a los políticos que neutralizaban a Vizcarra mientras enfrentaban procesos de investigación por el caso Odebrecht. Las conversaciones telefónicas entre Cuellos Blancos y dirigentes del Apra y Fuerza Popular incrementaron el enojo de la ciudadanía, asqueada del nivel en el que se movía la corrupción, y animaron a Vizcarra. El 28 de julio, el presidente se definió, dejó de intentar conciliar todo el tiempo con el Congreso, convocó a un referéndum para reformar los sistemas judicial y político, y confrontó a la alianza Apra-fujimorismo.

Ese primer gesto le permitió empatar con la ciudadanía y hacerse de la lucha contra la corrupción. La defensa soslayada que apristas y fujimoristas hicieron (y hacen) en el Congreso de los cabecillas de Los Cuellos Blancos, desprestigió aún más al Parlamento y debilitó profundamente a Fuerza Popular, que vio a su lideresa ingresar a una prisión de manera preventiva, según la Fiscalía, para evitar que interrumpa lo avanzado en las investigaciones que la comprenden.

Alan García, el líder aprista, intentó debilitar a Vizcarra acusándolo primero de golpista y luego de dictador, por las decisiones restrictivas que fiscales y jueces a cargo del caso Odebrecht tomaron, marcando distancia extrema de sus superiores, los fiscales y los vocales supremos implicados en la banda de Los Cuellos Blancos.

La comunidad internacional le quitó el piso a García, la República del Uruguay le negó el asilo solicitado y el ex presidente tuvo que pasar la vergüenza de dejar la residencia del embajador de ese país y no ser, ni siquiera, amonestado.

El resultado del referéndum ha demostrado que una importante mayoría está de acuerdo con la posición adoptada por el presidente Vizcarra, concepto que se fortalece con los resultados de las encuestas que miden su popularidad.

Pero, en realidad, quien ha ganado este año ha sido la ciudadanía. Los políticos que tengan responsabilidad en actos ilícitos purgarán cárcel. La lista no discrimina ideologías, todos tendrán que responder. Una nueva generación de jueces y fiscales se ha impuesto sobre las vacas sagradas que resultaron podridas. Gentes de todas las edades, pero sobre todo joven, siguen las investigaciones y las audiencias en vivo, interesándose en la forma como se administra la justicia y se desenvuelve la política en nuestro país. Renace la esperanza. Gracias, 2018.

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