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ecastillo@peru21.com

Ollanta Humala no quiere a Alan García como candidato en el 2016, y mucho menos para entregarle la banda presidencial.

La primera dama no le perdona al líder aprista el haber hecho que la "reelección conyugal" sea un tema en la agenda nacional, y, quizás, la causa principal de su caída en las encuestas. Pero no es usual, ni recomendable, que un presidente mire "hacia abajo" y dedique sus esfuerzos a entablar una guerra verbal con un candidato, al que podría terminar "levantando" o "victimizando".

A no ser que esto sea parte de una estrategia bien armada para ir demoliendo a García y no solo de un momento de ira. Pero tendrá que estar realmente bien armada, porque si no esto será muy malo para el Gobierno.

Los nuevos ataques del presidente abonan, además, en favor de la tesis que la reunión en Palacio fue una especie de alto al fuego, para evitar que se sigan tratando temas delicados como la celebración del cumpleaños de la primera dama, las actividades de la DINI, entre otros.

En el caso del fujimorismo y la solicitud del indulto, hay que señalar que el presidente hizo lo que todos le pedían: que se pronuncie y decida, y así lo hizo.

La negativa a conceder la gracia era una alternativa, y el jefe de Estado optó por ella. En esto no hay nada que reprochar, aunque la respuesta a muchos no les guste, y la crítica pueda estar orientada a la forma. Sin embargo, y aunque el impacto de esta decisión lo veremos más adelante, el fujimorismo declarará la guerra de inmediato, ahora sin las manos atadas.

El Ejecutivo, el aprismo y el fujimorismo se enfrascarán en una confrontación abierta. Esto no es bueno para el país.