Las alergias (parte 1): cutáneas

“Los pacientes alérgicos deben ser evaluados periódicamente para ver la respuesta al tratamiento”.

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Alergias (Getty Images)

Las alergias (parte 1): cutáneas. (Getty Images)

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Eleodoro Freyre
Eleodoro Freyre

Las personas que sufren de alguna alergia deben esa condición a que han nacido con uno o varios genes heredados de sus antecesores cercanos. Estas personas han nacido predispuestas o “atópicas”, y con el tiempo desarrollarán, en algún momento de su vida, síntomas alérgicos de uno o más órganos.

Las alergias pueden iniciarse a cualquier edad: desde los primeros meses de vida o recién en la adultez; y pueden afectar a uno o más órganos. Las más comunes afectan la piel y el aparato respiratorio.

Las alergias de la piel son de diversos tipos: urticaria, dermatitis atópica, prúrigo, etc., y se manifiestan con ronchas, manchas, sarpullido o una combinación de ellas. Causan escozor, calor o ardor y afectan diversas partes del cuerpo.

Las causas que desencadenan estas alergias son muy diversas: alimentos, contacto con algunas sustancias o tejidos, sudoración, cambios de temperatura, ejercicio físico, estrés, entre otras. Para hacer el diagnóstico debe se obtener una historia clínica muy detallada, tratando de encontrar el posible factor desencadenante, lo que incluye pedirle al paciente o a la madre del niño un listado de los alimentos que consumió cuando apareció el brote, o cualquier otra circunstancia que coincidiera, sobre todo si se ha repetido en más de una ocasión. Es indispensable hacer pruebas alérgicas para encontrar la causa. Dentro de estas, las pruebas epicutáneas son las mejores y más exactas. Si las pruebas indican alergia alimentaria, estos alimentos serán eliminados por un tiempo para volver a reintroducirlos uno por uno, y luego combinados, para observar la reacción.

El tratamiento depende del tipo y de la severidad de la alergia. En muchos casos basta con tratamiento tópico con cremas y algún antihistamínico. En casos severos o resistentes, se incluirá corticoides, que administrados en la debida forma no producen efectos secundarios. En ocasiones, puede producirse una reacción severa llamada anafilaxis aguda, que puede causar baja de presión arterial súbita, edema severo y hasta la muerte. Para evitarlo es necesario mantener los antihistamínicos el tiempo necesario, de meses o años, según la respuesta del enfermo; empleando el más apropiado en cada caso.

Los pacientes con alergias deben ser evaluados por su médico periódicamente para ver la respuesta y, según esta, ir modificando el tipo y la dosis de su medicación. Este seguimiento es indispensable ya que la respuesta al tratamiento varía mucho de un caso a otro.

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