(Foto: Nancy Dueñas / GEC)
(Foto: Nancy Dueñas / GEC)

Cuando un politólogo haga la autopsia de un extinto experimento de país llamado Perú de aquí a unas décadas, una de las cosas que le llamará la atención es cómo la prensa se dedicó a demoler implacablemente a la clase política formal, colaborando así a des-institucionalizar a un país de por sí ya invertebrado. ¡Después esa misma prensa se queja de que somos “un país chicha, de caudillos, sin partidos”! Desde la crítica por cualquier cosa nimia (¿Quieren ángeles acaso?), las asesinas portadas diarias a determinados personajes -¿Se acuerdan de Diario 16 y de Primera/Diario 1, dos sicarios de portadas? ¡Después no me vengan a endiosar a Lévano!- hasta aplaudir salvajadas legales prepotentes, como que los aportes a partidos son lavados de activos y los partidos pueden entonces ser “organizaciones criminales”.

La última hazaña de nuestros medios ha sido abortar la alianza de dos partidos (APP-PPC) ventilando conversaciones PRIVADAS dentro de una reunión partidaria CERRADA, grabaciones que algún soplón miserable les proporcionó. No tengo ninguna simpatía por esas dos agrupaciones. Menos por Pérez Tello, que es lo que más me desagrada en el Perú: una caviar encubierta. Pero aquí es claro que ella y Beingolea han sido las víctimas de un felón y de una prensa irresponsable. Cierto que ahora cualquiera cuelga esas infidencias en Internet, pero los medios no pueden ser cómplices de ese evidente ataque a la privacidad: Beingolea y Pérez Tello podían hablar y rajar de quien quisieran entre cuatro paredes en una reunión partidaria PRIVADA.

PD: ¡Qué SILENCIO del IDL, Walter Albán, Allan Wagner, García Sayán, Cairo, Luciano López, Tuesta, Transparencia, etc… sobre todas estas cochinadas que vienen saliendo de Vizcarra! ¡La caviarada está en shock, muda con los pecados de su ahijado! Solo ayer José Ugaz apareció en LR, para minimizar las acusaciones.

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