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Aquí en Lima escasea la coherencia: escucho a amigos anconeros defender que se haga Conga o Tía María, pero que se desconciertan –y hasta enojan– cuando les recuerdas cómo se opusieron al puerto de Ancón que querían hacer los Romero hace unos años atrás. Y el caso era muy similar: así como minas de esa envergadura le generan muchísima más riqueza al país que el minifundista agro local, un puerto tiene muchísimo más sentido económico que un pequeño balneario que ya anda un tanto decadente, con serios problemas de aforo en la playa por la llegada masiva de visitantes que no son veraneantes estacionales, que solo tiene bastante movimiento veraneante durante ocho fines de semana –en enero y febrero– al año, cuyo viaje por la Panamericana o Ventanilla es un suplicio y que carece de una pesca artesanal o industrial significativa. Al Perú le generaba muchísimo más trabajo, riqueza y competitividad un puerto que funcionase allí todo el año y que fuese alternativo a los otros dos operadores portuarios chalacos (APM y Dubai).

Se arguyó "la destrucción del entorno natural", "el daño a la pesca", "el abuso de los Romero", la gran navegabilidad deportiva/recreativa en esa mansa bahía, la defensa del valor de los predios, las nostalgias y los esteticismos como razones en contra, hasta que un hábil lobby veraneante consiguió que el Congreso mismo enterrase el proyecto.

Evidentemente, las situaciones entre Tía María y Ancón no son iguales, pero hay tela para reflexionar: si apoyas Tía María –como yo– porque es lo mejor económicamente para el país, entonces también debiste apoyar –como yo en su momento– al puerto en Ancón. O si no, no estás tan, tan lejos de un campesino antiminero…