Al revés... no vuelan bajo. (Foto: El Comercio)
Al revés... no vuelan bajo. (Foto: El Comercio)

Como el ir y venir de una trampa en el eterno retorno, como reproche estéril que no da vida ni solución, como sustituto inútil del simple sentido común, así los veo, desde siempre, en carrera de quejas al Estado y engorde inoperante de este.

Con mensajes como “quieren matar a la gallina de los huevos de oro”, “el Estado debe ampliar el número de contribuyentes” y “pocos somos los exprimidos y acosados de siempre”, se emplaza, con toda pachocha, un Estado gordo, en un constante no hacer nada sin descanso, que responde a todos, cada vez más, como agencia de empleos que quintuplica sus fiscalizadores.

No concuerda con los mensajes ni quiere entenderlos. Demostró ser deficiente para ampliar el número de contribuyentes, actuó para hacer crecer nuestra economía informal, convenció a todos de que los realmente “vivos” son los que vuelan bajo, en el 70% de la economía y dejó claro que sus radares no los alcanzan y que están diseñados para atacar, únicamente, a los de siempre.

¿Hay que quejarse entonces del Estado? No, no da resultado. Al contrario, hay que invitarlo a apreciar sus éxitos y disfrutar sus logros. Hay que decirle, por ejemplo, pase, señor, y comparta con todos las virtudes de su Ley de Promoción Agraria (LPA) en el agro moderno, ese en el que el inteligente no vuela bajo y, tranquilamente, se hace visible frente a Sunat, ese que ya tiene más de 4,000 empresas acogidas a la LPA, ese que viene generando más de 400 mil empleos formales descentralizados en zonas rurales.

El agro moderno es el exportador más grande del Perú, después de la minería. Bendito sea si se expande la LPA entre nosotros. Con ella, es al revés… no vuelan bajo y simplemente dicen: “Aquí estoy Perú”.

TAGS RELACIONADOS