Juegos Panamericanos

Ajustar el rumbo

“Por momentos pareciera que todo propósito se reduce a uno: durar. Llegar al 28 de julio de 2021”.

Martín Vizcarra

Martín Vizcarra se ausentará del territorio nacional del 30 de junio al 1 de julio por su viaje a Panamá. (Foto: GEC)

Ajustar el rumbo. (Foto: GEC)

Columnista invitado

Por Jorge Nieto

Se inicia el mes de la patria, julio. Como siempre, para el país es el momento de la rendición de cuentas. O más bien, de saber el estado de la nación. En el año que pasó, qué hicimos, dónde estamos, adónde vamos… Sobre todo, adónde vamos. Y esto último no parece claro. La incertidumbre es alta. El hartazgo crece. Aunque se ha enunciado muchas veces las líneas maestras que orientan la gestión del Estado, entre esos dichos y los hechos hay tal trecho que la sensación de ausencia de rumbo está instalada. Por momentos pareciera que todo propósito se reduce a uno: durar. Llegar al 28 de julio de 2021, a la fiesta del cumpleaños 200 de nuestra república. Pareciera.

Esa inercia aparente esconde, entre otras, una agria disputa. La de la agenda pública. La enunciada reiteradas veces hablaba, para simplificar, de una lucha bifronte contra la corrupción y por el crecimiento económico, reforma institucional y reforma económica. Hubo en su momento, y hay ahora, quienes creen que la “real” tarea de gobierno debería concentrarse en la reforma económica, en una versión de ella, y agregan pronto, “no estoy diciendo que no se luche contra la corrupción, pero…”. En los hechos, sí. Con claridad meridiana alguien recordó la justificación del general Odría para su dictadura: la democracia no se come. Y quien dice lo más, dice lo menos: reforma política, reforma judicial, lucha contra la corrupción y la impunidad.

Pero la promesa de una lucha en dos frentes, también por los hechos, no ha pasado de eso, una promesa. Nos hemos concentrado solo en la reforma institucional –política, judicial, anticorrupción–, una versión de ella, más bien recortada, que no va siempre en la dirección correcta, ni con la profundidad necesaria. El republicanismo, en su versión de dieta, parece haberse creído la idea de que era posible su existencia sin reforma económica. La alianza implícita entre un republicanismo light y un piloto automático averiado puede terminar socavando el crecimiento económico y la propia reforma institucional, lucha contra la corrupción incluida. Porque sus posibilidades se deben a circunstancias excepcionales, pero no eternas.

Urge ajustar el rumbo. Urge. Y para eso hay que visitar el núcleo de nuestra crisis, la manera en la que hemos articulado política y economía en los tiempos de nuestra cuarta prosperidad, la del superciclo de los metales. No es fácil. La legitimidad, ese bien esquivo, no puede alimentarse solamente del diálogo espasmódico e intermitente, necesario pero insuficiente, que el vértice del Estado establece con la opinión mayoritaria cada vez que las resistencias al cambio dejan de ser esa sigilosa guerrilla de la letra chiquita. Urge ajustar el rumbo. No hacerlo puede costarnos retroceder en lo avanzado, sin corregir lo que hay que corregir. La promesa republicana merece mucho más que extremismos crecientes.

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