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Abraham Levy, Opina.21alevy@metereologica.pe

El río Rímac está experimentando una de las mayores crecidas del siglo XXI. Los limeños lo vemos perderse en el mar todos los días cerca del aeropuerto. Eso no tendría nada de singular si no fuera por el hecho de valorizar ($$) cuánta agua se va al mar.

Los números son dignos de reflexión. En lo que va del verano hemos llenado nuestros embalses en la parte alta del Rímac, que nos van a proveer de agua durante la parte seca del año en invierno; pero también hemos dejado ir casi seis meses de consumo al mar.

No solo de consumo en nuestros caños, sino –además– de producción hidroeléctrica, que en invierno es más escasa y cara. Todo ello porque nuestras autoridades ignoran el valor estratégico de los reservorios en las cuencas altas.

Pero el Rímac es un río pequeño para los estándares peruanos.

Suelto un dato: el río Pampas, cuyo nivel de aprovechamiento es bastante menor al 1% de su masa de agua, si fuese represado entre Ayacucho y Huancavelica, en Urancancha, podría –mediante un túnel a la Mont Blanc– agregarle 1,000 millones de metros cúbicos de agua de riego a la región Ica. Triplicaría la producción agrícola actual de la región y haría del Proyecto Olmos una tímida comparación.