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Nacidos en las cloacas, le ha dicho Humala a los fujimoristas. La idea de que gran parte de la política (y no solo el fujimorismo) transcurre por las alcantarillas no es demasiado original; así lo piensa la mayoría de la población. El asunto se complica, sin embargo, cuando lo dice un jefe de Estado al que todavía le faltan 19 meses, que no tiene mayoría propia en el Congreso y cuando se lo dice a la primera bancada de oposición.

Pudo ser un arranque de ira, un exabrupto consecuencia de una presión muy grande por los problemas de los últimos meses. El efecto: acentuar la ya de por sí implacable oposición del fujimorismo. O sea, un dolor de cabeza para sus ministros que serán (aún más de lo que lo son ahora) sujetos a interpelaciones y pedidos de censura; será, asimismo, más difícil conseguir votos cuando se requieran mayorías calificadas.

Otra interpretación es que haya sido planificado. Que sea el segundo acto luego del pedido a sus militantes de ponerse el polo de campaña para el 2016. Visto de esa manera, lo que estaría intentando el nacionalismo es reconstruir la polarización que los llevó a ganar en el 2011. Es decir, presentarse como los que pueden evitar que los fujimoristas ganen las próximas elecciones, posibilidad que preocupa a muchos por el pasado nada santo de ese sector político y por los indicios de que varios de los nuevos cuadros tienen hábitos parecidos a los de los antiguos.

La idea sería que hay un lugar del centro hacia la izquierda y que, además, pueden convencernos de que ellos están del lado correcto en las polaridades democracia-autoritarismo y corrupción-honestidad ("…que hace la diferencia").

Es cierto que hay ese espacio por llenar, pero creo que no la van a tener nada fácil. Difícil convencer a muchos de que ellos son ejemplos de moralidad pública, con Belaunde Lossio y López Meneses a cuestas. O que valoran los derechos de las personas, con un ministro del Interior que tiene un juicio en curso por el asesinato del periodista Bustíos.