Con el tiempo lo agradeceremos

“El éxito de la peatonalización de los jirones Ica y Ucayali más de seis años atrás es el mejor ejemplo de que una medida como esta mejora radicalmente la actividad comercial y turística”.

La Plaza Mayor congregará a los competidores del torneo internacional. (Perú21)

Municipalidad de Lima informó sobre los desvíos vehiculares en las calles del Centro de Lima por la procesión del Señor de los Milagros. (Foto: El Comercio)

Augusto Rey
Augusto Rey

La reacción de unos cuantos frente a la decisión de la Municipalidad de Lima de reducir el espacio para vehículos para dárselo a los peatones es absolutamente desproporcionada y, en algunos casos, berrinchuda. Dan la impresión de que no han caminado mucho por esas calles los últimos años.

Entrar en carro al corazón del Centro desde hace mucho ha sido un despropósito, ya sea porque las calles están enrejadas, los vehículos oficiales hacen suyo un carril a la espera del jefe privilegiado o los taxis se plantan a la expectativa de una carrera. Lo he vivido por más de 7 años seguidos, así que se me hace difícil creer que cerrar unos cuantos carriles vuelve más infernal lo que ya es un infierno.

Más bien, ampliar el espacio para los peatones mejora increíblemente el día a día de los miles que caminan por ahí. El éxito de la peatonalización de los jirones Ica y Ucayali más de seis años atrás es el mejor ejemplo de que una medida como esta mejora radicalmente la actividad comercial y turística, además de hacer bastante más atractivo el Centro. Esto es indiscutible. Por eso el alcalde Muñoz debería radicalizar sin miedo su posición y limitar del todo el uso de carros particulares en el entorno cercano a la Plaza de Armas. Que la excepción sean los vehículos que brinden algún servicio público y que se establezca horarios para carga y descarga de mercadería en los negocios. Con el tiempo todos lo agradecerán.

Esta es una batalla que Jorge Muñoz tiene que enfrentar como político y no solo como gerente. Cerrar unas calles es una intervención específica de pequeñísima escala para los problemas de Lima, pero es parte de un paso estratégico que debe evidenciar una forma de entender el futuro de la capital (o al menos del Centro). Ya es hora de que pise el acelerador.

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