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arielsegal@hotmail.com

La epidemia del ébola ha generado el interés de gobiernos y ciudadanos de todo el mundo sobre los africanos. ¡No nos equivoquemos!, no se trata de conocer sobre África, sino de distinguir si algún visitante de uno de sus países afectados por la epidemia llegó o no con síntomas de esa enfermedad, a los lugares en donde vivimos. Entonces, ahora sí importa saber, por ejemplo, en cuál de las Guineas se extiende la epidemia: ¿en Guinea-Conakry, la ex colonia francesa; Guinea-Bissau, colonia que perteneció a Portugal; o Guinea Ecuatorial, la que fue de España?

¿Y dónde quedan los otros territorios con alto índice de ébola? Liberia, Sierra Leona y, hasta hace poco, Nigeria, país en donde 219 niñas permanecen secuestradas por islamistas del Boko Haram, que según el promotor de la campaña en Twitter, #BringBackOurGirls, Ibrahim Abdullahi, han sido olvidadas por los políticos y artistas que se aunaron a su liberación.

Lo que ocurre en África se olvida rápido y, si se actúa, se hace tardíamente, como ocurre actualmente con la ayuda internacional contra la epidemia del ébola.

Preocuparse y ocuparse de África es cuestión de moda, entre muchas razones, porque nuestro pensamiento y periodismo light se interesan más en imágenes de choques impactantes que en el mortal destino de africanos que padecen sida (de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud solo en África subsahariana se encuentra el 71% de los 35.3 millones de personas en el mundo infectadas por este virus).

Son pocos los espacios noticiosos para las guerras étnicas, religiosas y tribales africanas aprovechadas por grandes corporaciones para conseguir a bajo precio sus ricos minerales. África importa solo si exporta epidemias.