Editorial Perú21
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Este año hemos reportado una serie de operativos de lucha contra la delincuencia organizada que dejan dos elementos de reflexión que no deben dejados de lado por los alcaldes y gobernadores que asumirán sus respectivos cargos desde el 1 de enero.

El primero, son las capturas de varias autoridades locales y regionales. Desde aquellas que se encontraban ejerciendo su cargo, como David Cornejo (Chiclayo) y Jorge Luis Infantas (Tacna) hasta burgomaestres electos como Willy Serrato (Olmos en Chiclayo) y María Chapilliquén (Lobitos en Piura), quienes ya antes habían desempeñado función pública. Son acusados de pertenecer a complejas organizaciones criminales (en calidad de cabecillas, nada menos) creadas para perpetrar delitos de abuso de autoridad, colusión, cohecho, usurpación, entre otros.

El segundo hecho a considerar es que estas tramas han sido descubiertas por la División de Investigaciones de Alta Complejidad (Diviac) de la Policía. Todos en operativos ejecutados de manera certera y tras pacientes investigaciones que han durado meses. Este es un grupo dirigido por el coronel Harvey Colchado, actualmente en la mira de legisladores de Fuerza Popular y el Apra con la interpelación que impulsan contra el ministro del Interior, Carlos Morán. Un acto que tiene más de venganza, que de exigir explicaciones, tal como fue explicado en nuestro editorial del 11 de diciembre.

A pocos días de que se inicie el 2019, los nuevos alcaldes y gobernadores deben tomar en cuenta que ningún acto delictivo queda impune por siempre. Ningún crimen es perfecto. Y ello lo vienen demostrando los operativos de la Diviac en las detenciones de aquellos que alguna vez fueron autoridades y quienes planeaban serlo.

Como declaró el presidente Martín Vizcarra tras reunirse con 88 alcaldesas electas, es fundamental “sacar la corrupción de las instituciones”. De manera similar se pronunció el contralor general, Nelson Shack, quien invocó a las nuevas autoridades a trabajar con honestidad e integridad.

Ética, transparencia y respeto de la ley deben ser los elementos que guíen las gestiones entrantes. Sería penoso que a fines del próximo año tengamos que hacer un recuento de las trapacerías de las flamantes autoridades. Solo depende de ellos. Marcar el inicio de una historia diferente para ellos y sus ciudades, o quedar marcados por siempre por un antecedente penal y policial.

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