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La llegada del verano, como sabemos, extiende las horas de luz produciendo amaneceres más tempranos y anocheceres más tardíos.

Hubo una época en que el Estado peruano determinó, como lo hacen repetidamente muchos países, que era conveniente aprovechar más las horas de luz atrasando los relojes, de modo que en vez de que amanezca hacia las 5 de la mañana lo hiciese a las 6.

Más aún, los anocheceres de verano, en lugar de producirse minutos antes de las 7 de la noche, se prolongarían –artificialmente por cierto– hasta las 8 de la noche.

El resultado práctico es ahorrar una hora el encendido nacional de luces en hora punta. Ello debido a que la absoluta mayoría de peruanos no empieza sus actividades antes de las 6 de la mañana y termina su jornada en las horas habituales.

Menos luces encendidas durante el día significan un ahorro de gas en la generación térmica; significan, además, menos utilización de fuentes contaminantes de energía como petróleo o carbón. Habría que hacer la prueba para conocer bien el impacto que, repito, es positivo en muchos países.

En su momento las quejas –infaltables– vinieron de la sierra por argumentaciones en torno al clima que, francamente, no tienen mucho que ver frente al ahorro que puede significarle en emisiones al país.

alevy@ambiand.com