¿A qué le temen los mercados?
¿A qué le temen los mercados?

Varios países latinoamericanos han atravesado crisis políticas durante el último año. La disolución del Congreso en Perú y la intensa movilización social en Chile son dos ejemplos emblemáticos. Sin embargo, los mercados han reaccionado de manera distinta. A inicios de año, la Cepal había proyectado que Chile y Perú crecerían en 3.9% y 3.8% su PIB anual. En su último reporte, estos porcentajes se redujeron al 0.8% y 2.3%, respectivamente. En el país sureño, el presidente Piñera ha salido airoso de una acusación constitucional y aleja así cualquier amenaza real de caída anticipada generada por el estallido social. Sin embargo, la proyección de crecimiento cayó 3 puntos porcentuales. En Perú, el presidente Vizcarra gobierna a punta de decretos de urgencia y sin un contrapeso legislativo, pero el indicador mencionado se reduce 1.5 puntos, es decir, la mitad de la disminución de la proyección chilena. ¿Acaso la protesta social alarma más a los mercados que gobernar sin Congreso?

La inversión privada le tiene más miedo a la calle que al conflicto entre poderes. La magnitud de la protesta social en Chile ha sido inédita al punto de haber golpeado la legitimidad de su modelo económico. Niveles previos al escalamiento de la movilización social habían generado en la centro-derecha una moderación en sus posiciones. La victoria de Piñera, paradójicamente, le fue contraproducente. Este sector político se sintió respaldado electoralmente –obviando que la mitad de la población no vota– como para pasar de la moderación al endurecimiento de su línea económica, especialmente en asuntos sociales. La actual situación es, también, una reacción a esta posición recalcitrante del sector político aliado de los grupos económicos.

La protesta social en Perú –fragmentada y atomizada– no pone en duda la legitimidad del modelo económico. Solo la viabilidad de proyectos de inversión puntuales. La conflictividad entre bandos políticos, como consecuencia de un gobierno dividido –Ejecutivo con minoría en el Legislativo–, tampoco hiere el dominio de las políticas de mercado. Los analistas de riesgos saben que quien gobierne Perú adoptará el “piloto automático”. No solo porque el votante medio nacional está en el centro, sino porque no existen incentivos ni grupos de presión para que los mandatarios elegidos (o reemplazantes) giren a la izquierda. Para los intereses del mercado, una interrupción del mandato presidencial y una disolución congresal no generan incertidumbres. Por eso, la ausencia de un calendario electoral –por varias semanas– tampoco importó.

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