A estas alturas...
A estas alturas...

Hay alrededor de 2,000 muertes semanales en nuestro país por el implacable virus, según el Sinadef. Pasamos ya los 100 mil peruanos fallecidos en lo que va de la pandemia. Seguimos en una crisis interminable por falta de oxígeno y por falta de gestión que impide agilizar caminos. Para atender la invaluable pérdida de vidas, los efectos sociales, económicos y psicológicos, se necesita el concurso de todos. No puede haber exclusiones ni sesgos ideológicos para tomar decisiones conjuntas.

El escándalo de las vacunas VIP es la decepción que no sorprende pero que sigue doliendo. Es comprobar que los que levantan la bandera de la anticorrupción y la moralidad siempre son los peores a la hora de que la verdad sale a la luz. Las vacunas deben llegar a toda la población, en el menor tiempo posible. Ya estamos muy tarde y aún no terminan de vacunar a la primera línea. Se menciona mucho la capacidad que tenemos los peruanos para campañas de inmunización, pero la lentitud de la “burocracia”, de la tramitología y la demagogia de que si los privados entran en el mercado de las vacunas solo los ricos recibirán el antídoto, provoca la situación de inmovilidad y retraso que todo lo pervierte. El marco constitucional y las leyes deben garantizar que esa oportunidad de vacunarse sea para todos los que voluntariamente quieran hacerlo, pero las discusiones estériles y populistas lo único que hacen es agrandar las divisiones.

Lo único cierto es que el gobierno debe liderar de la mejor manera para reducir y simplificar la respuesta de vacunación. Los sectores dirigenciales deben responder a los problemas sociales y económicos, al hambre y a la pobreza, que han crecido peligrosamente en el año de pandemia. ¡Déjense de vainas!

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