2020, el año que vivimos en peligro
2020, el año que vivimos en peligro

COLUMNISTA INVITADO:

MILAGROS CAMPOS

Para el mundo entero el 2020 será recordado como el año que vivimos en peligro debido al COVID-19. La pandemia llegó de manera trágica al Perú, no solo por la cantidad de familias que han sufrido la pérdida de alguno de sus seres queridos, sino porque evidenció las debilidades estructurales del Estado.

Las graves limitaciones de los hospitales para atender a los enfermos por COVID-19, la escasez de oxigeno medicinal, la demora para brindar a los médicos y personal de salud equipos de protección personal adecuados, los problemas en las compras públicas, la caída del empleo formal, el trabajo informal como medio de subsistencia que impidió cumplir con la cuarentena, la brecha en el acceso a Internet, el incremento de casos de violencia familiar, la atención a las comunidades indígenas, son algunos temas que deberían ser abordados con la urgencia que exige la centralidad de la “persona como fin supremo del Estado”.

La atención de estas políticas públicas debería definir la agenda y el debate de la próxima campaña electoral. Parafraseando el título de un conocido libro, el Perú requiere hacer política de políticas públicas. Encontrar consensos para dar prioridad a estos temas debe ser la agenda que convoque a partidos y candidatos.

El interminable 2020 ha sido, adicionalmente, un año crítico para la democracia en el Perú. Concluye el año con la mayor crisis política desde el 2001: tres presidentes, cinco gabinetes, ocho ministros del Interior, cinco en un mes; la primera vez que se niega la confianza a un gabinete.

El Congreso electo en enero empezó con nueve grupos parlamentarios que reflejaban el mayor nivel de fraccionamiento de origen desde 2001. Nueve meses después de su instalación tiene once grupos parlamentarios. Ello no ha sido obstáculo para aprobar poco menos de cien leyes con altas mayorías, dieciséis de ellas por insistencia. Sin embargo, la crisis política tiene su origen en el 2016. Primera vez que hubo un gobierno dividido –el Congreso tuvo una mayoría distinta al gobierno-; primera vez que se le negó la confianza a un ministro de economía y a un gabinete, primera vez que se presentaron cuatro mociones de vacancia. Estos hechos deben llevarnos a pensar también en una agenda respecto de la gobernabilidad democrática.

El año 2020 aprendimos sin querer términos médicos y derecho constitucional. Pero también aprendimos de la solidaridad. El COVID-19 nos ha mostrado que vivimos juntos y no podemos cuidarnos solos.

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