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No esperen mucho del 2015. Es año preelectoral, la situación política es complicada y se continuará desinflando el 'boom' peruano de la última década. Pero, además, el contexto internacional empeora. Lo lógico es que las empresas aplacen inversiones y que los consumidores sean precavidos. El gasto público no logrará rectificar la tendencia.

Sí, sí, ya sé que los datos del PBI de los EE.UU. en los últimos tres trimestres han sido buenos. Pero una golondrina no hace verano. No esperen que la economía estadounidense arrastre al planeta. Lo más probable es que sea arrastrada por los problemas financieros del resto. Me voy a referir a dos de ellos. Primero, el rumbo de la zona euro. En los dos años que van de junio 2012 (punto álgido de la crisis del euro) a mediados del 2014, vivimos el espejismo de un regreso a la estabilidad financiera. Parecía que se normalizaba la situación de los países en crisis de la zona euro. Cayeron sus primas de riesgo e incluso lograron regresar al mercado con nuevos bonos. A tal punto que las tasas de interés de los bonos españoles e italianos se colocaron a niveles menores que los de los EE.UU. Una aberración estadística que no durará mucho.

En unas horas sabremos qué pasa en las elecciones de Grecia. Parece que ganaría el partido populista Syriza (su pariente español es Podemos); y si forma gobierno, ahí podríamos ver el repunte de las primas de riesgo. La de Grecia ya va por 8%. Increíble que Grecia haya podido colocar un bono de 4 mil millones del dólares, al 5%, hace apenas nueve meses.

El segundo problema es el caos monetario. Hace dos semanas, el Banco Central de Suiza puso fin a su programa de intervención para "forzar" un franco bajo. Y la moneda se trepó 15% frente al resto. La semana pasada, el Banco Central Europeo anunció un plan de monetización de deuda de un billón de euros (que será útil para encarar las presiones post-Syriza). El euro se hundió.

La pregunta clase es: ¿qué efectos tienen estos movimientos en los contratos de derivados de tasas de interés y tipos de cambio? ¿Cómo afectan a las grandes entidades financieras del planeta? ¿Cuánto? Nadie sabe.

El tema es difícil de entender y explicar; lo trataré en otra columna. De momento baste decir que estos contratos suman muchos billones de dólares y que las pérdidas de unos y ganancias de otros dependen precisamente del signo y magnitud de los cambios en tasas de interés y tipos de cambio. Entretanto, el lector interesado en las cifras puede consultar el portal del BIS: .