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La Policía secreta del fallecido general lideró una red de espionaje dentro y fuera de Chile que cruzó caminos con el Vaticano, el FBI, dictaduras latinoamericanas y la prensa mundial, según revelan miles de archivos secretos y hasta ahora inéditos.

Los documentos, por décadas catalogados como reservados, confirman que los cuerpos represivos chilenos, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y su sucesora el Centro Nacional de Información (CNI), mantenían correspondencia casi diaria con ministros y otras autoridades para coordinar operaciones en todo el mundo.

La Policía secreta, responsable de miles de desapariciones, ejecuciones y torturas, según informes oficiales, pasa a tener un archivo con las fichas de todos los detenidos perseguidos, cuya información enviaba a cuanto ministerio se la solicitara.

Según el Plan de Operaciones Epsilon, iniciativa diseñada en junio de 1975 ante la visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (), a la que acudían cientos de denunciantes de la oposición, este tenía una sola misión: realizar una campaña de acción psicológica abierta y clandestina para neutralizar las denuncias por violaciones a los derechos humanos.

Las acciones que se detallaban en el plan abarcan desde el uso de periodistas hasta la eliminación de cintas de la II Guerra Mundial de la programación televisiva por aludir al nazismo.

Asimismo, los archivos secretos revelan el esfuerzo continuo de la dictadura por desacreditar a sus opositores y ganar aliados. Así como las operaciones detalladas del seguimiento a cientos de corresponsales dentro y fuera de Chile.