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Wilhelm Brasse, un antiguo prisionero de cuyas fotografías dentro del campo de concentración nazi se convirtieron en una escalofriante crónica histórica de los horrores que se cometieron allí, murió ayer a los 95 años.

Brasse fue enviado al campo después de ser capturado en 1940 cuando intentaba huir de la Polonia ocupada por los nazis para unirse al Ejército polaco en el exilio. Se le asignó llevar los cadáveres de las cámaras de gas a los hornos para ser incinerados.

Cuando sus carceleros descubrieron que era un fotógrafo experimentado, le encargaron tomar fotografías de los prisioneros para los archivos internos de la prisión, retratar a las víctimas de los experimentos científicos del médico y registrar las visitas de altos cargos alemanes para la posteridad.

"Trató de volver a la fotografía (después de la ) pero le resultó demasiado difícil", dijo a la agencia Reuters la historiadora del museo de Auschwitz Teresa Wontor-Cichy. "El hecho de haber tomado esas fotos le resultaba perturbador", añadió.

Durante los cinco años que pasó en el campo de concentración tomó unas 50,000 fotografías, de las que sobrevivieron casi 40,000.