La vida del bebé Alfie Evans terminó esta madrugada, tras sobrevivir por una semana desconectado al soporte vital que lo mantenía vivo. Su enfermedad degenerativa irreversible fue el motivo para no prolongar más su tratamiento, pese a la oposición de sus padres.

"Mi gladiador ha rendido su escudo y ha ganado sus alas... Absolutamente desconsolado. Te quiero, mi niño", escribió en Facebook su padre, Tom Evans.

La justicia de le dio la razón una y otra vez a los médicos que trataban al menor. "No había cura médica" para su condición. Las pruebas médicas mostraban una "catastrófica degradación del tejido cerebral" y continuar el tratamiento iba a ser no solo "inútil", sino "cruel e inhumano".

Sin embargo, sus padres de 20 y 21 años nunca se dieron por vencidos y tuvieron el apoyo de activistas por la vida y religiosos que desafiaban la devastadora evidencia científica. 

Incluso el reclamó que se mantuviera vivo al bebé. El gobierno italiano propuso darle la nacionalidad al niño, trasladarlo a y seguir con la atención médica, pero no se llegó a concretar. 

Según los especialistas, el pequeño no sobreviviría más de unos minutos sin asistencia artificial pero continuó respirando por sus propios medios durante una semana.

La batalla legal entre los médicos y los padres duró cuatro meses. La Alta Corte de Londres, como la Corte de Apelación y la Corte Suprema británicas se pronunciaron a favor del equipo médico. De igual manera, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó la petición de los padres.