Parte del antiguo campanario del monasterio de  San Nicolás se mantiene en pie, en lo que fuera el poblado de Kalyazin, inundado por órdenes de Stalin (Foto: Flickr).
Parte del antiguo campanario del monasterio de San Nicolás se mantiene en pie, en lo que fuera el poblado de Kalyazin, inundado por órdenes de Stalin (Foto: Flickr).

La es una ciudad mítica que, según el sabio griego Platón, yace bajo el agua. Durante la época , la Unión Soviética creó sus propias Atlántidas, las cuales, aunque suenen a leyenda, son muy reales. Centros urbanos enteros fueron inundados para erigir grandes obras de infraestructura que mostraran al mundo la grandeza del modelo comunista.

Una de estos proyectos fue la central hidroeléctrica de Rýbinsk, a unos 300 kilómetros al norte de . Su construcción empezó en la década de 1930 y culminó en los 40. Para ello, la ciudad de Mologa, junto con más de 700 pueblos y aldeas de la zona fueron inundados. Se calcula que alrededor de 130 mil personas debieron ser desplazadas.

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Según el medio Russia Today, entre los años 30 y los 50, nueve ciudades soviéticas fueron inundadas para la construcción de centrales hidroeléctricas. Entre ellas, estuvo la localidad de Kalyazin, cerca del río Volga, sobre la cual se creó el reservorio de Uglich. Estos proyectos continuaron luego de la muerte de Stalin, en 1953, ya bien entrada la Guerra Fría.

Ucrania

Otro caso fue el de la estación eléctrica de Kremenchug, ubicada en la actual Ucrania. Bajo el embalse que se creó para dar pie a este megaproyecto, uno de los emblemas de la ingeniería soviética, yacen los restos de la ciudad de Novogeorgijvsk.

“Las autoridades no explicaron mucho por qué la gente tenía que ser relocalizada. Hubo solo un mensaje: es necesario para el desarrollo de la economía”, contó a la BBC Svietlana Sliusarenkio, quien era una niña cuando sus padres tuvieron que abandonar su hogar para la construcción de la hidroeléctrica, que empezó en 1959.

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“Si alguien se negaba, enviaban buldóceres en la fecha fijada para la salida a demoler las viviendas. No tenían alternativa, nadie podía cuestionar nada. Era una orden y había que cumplirla”, agregó.

Sliusarenkio señala que los habitantes fueron avisados con anticipación sobre el traslado. Se les dio la oportunidad de sacar los restos de sus muertos de los cementerios, sacar sus bienes más preciados e incluso materiales de construcción de las viviendas que iban a ser inundadas. También se pagó a los habitantes para estimularlos a abandonarlo todo.

Hoy, son decenas los pueblos de la ex Unión Soviética que están bajo el agua. En 2014, un descenso del nivel del agua permitió que resurjan los restos de la antigua Mologa.

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