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Luz Mely Reyes: "La migración venezolana es un grito desesperado de auxilio”

“Me quedo en Venezuela hasta que el cuerpo aguante”, dice la cofundadora y directora general del medio digital Efecto Cocuyo , el cual en alianza con El diario El Tiempo de Colombia ganó el Premio Gabriel García Márquez de periodismo 2018 en la categoría Cobertura.

LUZ MELY REYES. Periodista venezolana

Luz Mely Reyes. Periodista venezolana

Luz Mely Reyes: "Ser periodista en Venezuela es luchar, es poner una luz". (Foto: Esther Vargas)

Esther Vargas
Esther Vargas

Cuando su hijo, fotoperiodista de 25 años, le dijo que se iba a cubrir una violenta manifestación en Caracas , Luz Mely Reyes sintió una especie de apretón en el pecho y un vacío en el estómago, de esos que desarman, que descomponen. Entendió entonces a su madre, la mujer que una vez, hace ya muchos años, le pidió que se quede en casa y no tome riesgos. Luz Mely respondió: “Soy periodista y mi trabajo está afuera”. Venezuela es mucho más violenta que hace 20 años, cuando su madre tenía temor. Venezuela es un país en el que cuesta respirar, por eso la cofundadora de Efecto Cocuyo espera que su hijo regrese ileso de las coberturas. Le han caído perdigones, las balas le han pasado cerca y ha visto desangrarse gente a su lado. Su hijo, con el chaleco antibalas y el casco. La imagen es imborrable.

¿Cómo hace para no dejar de sonreír a pesar de la adversidad? Ella, con una sonrisa más grande, responde que los venezolanos son así. Pero los ojos le brillaron y la voz se le quebró la noche del jueves cuando el reportaje ‘Venezuela a la Fuga’, realizado por El Tiempo de Bogotá y Efecto Cocuyo, obtuvo el premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2018* en la categoría Cobertura.

¿Qué significa ser periodista hoy en Venezuela?
Es luchar, es poner una luz, es trabajar en un ambiente hostil, que nos obliga a seguir.

Miles de venezolanos, entre ellos muchos periodistas, se han ido de su país, ¿cómo decide quedarse?
En este régimen autoritario, que es una dictadura sin matices, lo que yo he decidido es resistir hasta que el cuerpo aguante. Me quedé porque tengo un medio digital que me permite hacer el periodismo en el que creemos. Yo espero que Venezuela no me ahogue ni dañe mi integridad física y emocional. De hecho, estamos golpeados todos, pero tengo una responsabilidad. Estoy rodeada de gente buena, de un equipo de periodistas jóvenes que quieren seguir y hay que poner el hombro. Es un gran estímulo eso. Yo soy de una generación que nació en un mundo libre y trabajo con una generación que no sabe lo que es vivir en libertad. Es muy triste esto.

La tentación de irse debe ser grande...
Se me presentó la oportunidad de irme del país y yo sentía un dolor terrible, grande y no podía hacerlo. A lo mejor hasta lo quería, pero el dolor de separarme de los míos, no, imposible. Los venezolanos no tenemos vocación de migrantes, sin embargo, estamos viendo cómo han llegado a países como Colombia y Perú.

¿Qué es lo más duro de vivir en Venezuela?
Las libertades restringidas. Muchos periodistas han visto gente morir en sus manos, esa violencia no tiene nombre. Abandonar el país es algo muy duro, familias con menos de 500 dólares en los bolsillos y sin expectativas ni plan para reinsertarse a una sociedad como la peruana, por ejemplo. Esta fuga masiva de venezolanos es un grito desesperado, es un pedido de auxilio. Te rompe el alma. Te quiebra en todo sentido y te indigna.

En un país donde los diarios tienen menos páginas por falta de papel (gracias a Nicolás Maduro) o cierran, y donde los periodistas son amenazados y detenidos, Internet ha jugado un papel clave.
La situación nos obligó a hacer la transición. Mis socias y yo venimos del diario impreso, de una generación de máquina de escribir. Nos vimos obligadas a estudiar. Éramos las grandes del equipo y tocó aprender de los chicos, y al mismo tiempo formarlos. Yo he visto a mis reporteros llegar destrozados, es muy duro. Internet nos abre una puerta inmensa en la oscuridad. En Efecto Cocuyo también hemos desarrollado planes de atención a todo nuestro equipo para que ellos puedan mantener intacta su integridad física y emocional. Yo viajo mucho por eventos como el Festival Gabo, y a veces me siento como un delfín que sale a respirar y regresa.

Esta transición al digital para unos es muy duro, e incluso no la consideran necesaria. En Venezuela fue obligatorio.
Tengo 23 años de experiencia. Yo asumí que esto era totalmente nuevo; sin embargo, la base era algo que sé hacer: contar historias. No importa la plataforma que sea, tienes que saber hacerlo. Con esa base nosotros llevamos buenas historias en medio de la oscuridad. Se nos cierran puertas, pero se nos abren ventanas. Nacimos como medio en 2015, Internet ya era ese campo de refugio de los venezolanos en la búsqueda de información oportuna y veraz que en ese entonces se les estaba negando. Y hoy, 2018, el panorama es peor. Enfrentamos un proceso de desinformación sistemática. Efecto Cocuyo y otros digitales luchan contra eso.

¿Cómo se resiste? ¿Cómo se sonríe?
Yo cuento con una gran familia que es mi soporte y mi aguante. Entienden por qué soy periodista. Además, tengo un gran equipo de trabajo. Y puede sonar cursi, pero yo me considero buena gente y siempre me junto con buena gente. Todo eso te da fortaleza y te da esta sonrisa.

Cuando le pidió a su hijo que se quede y no cubra la marcha, ¿cómo se sintió?
En primer lugar, entendí a mi madre. Mi primer día de trabajo fue el golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, en un periódico regional. Mi mamá no quería que salga, y yo no le hice caso. Cuando mi hijo me dice que debe ir donde están ocurriendo los hechos, y lo veo armarse de su casco, chaleco antibalas y bolsas antibombas lacrimógenas, me pongo tensa. Fue un gran reto como madre y también como periodista. En Venezuela tienes que andar blindado porque un tiro en la cabeza te acaba en un segundo.

Si no fuera periodista...
Seguro que algo haría, pero a nada le pondría tanto amor y entrega como al periodismo.

(*El reportaje ganador del Premio Gabo de Periodismo 2018 cubre el fenómeno migratorio de Venezuela, el más grande de Latinoamérica en los últimos tiempos. A la fecha de la investigación, las fuentes consultadas confirmaban que un millón 500 mil personas habían huido de ese país en los últimos dos años debido a la crisis humanitaria).

Lee el reportaje ganador en el siguiente enlace

Aquí el equipo completo que realizó el trabajo.

AUTOFICHA

- “Tengo una familia hermosa, un hijo fotoperiodista y 23 años de experiencia. Dejé el periodismo tradicional por el digital cuando en Venezuela las puertas se cerraron. Entonces Internet fue un gran aliado y nos permitió en 2015 fundar el diario digital Efecto Cocuyo”.

- “Los venezolanos vivimos en una situación crítica con un enfoque en crisis humanitaria. Hay gente que muere porque no tiene acceso a medicamentos y atención adecuada. A eso se le suma la situación de inseguridad que ha tenido el país a lo largo de más de 30 años y el manejo político de Maduro”.

- “En este régimen autoritario, en esta dictadura, no hay medias tintas y el periodismo es necesario. Este gobierno viola los derechos humanos, no da espacios para libertades y las pocas que hay las administra como para que la gente sepa que te las puede quitar cuando quiera”.

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