Un mensaje lanzado en una botella de vidrio, hace 37 años en aparece en y fue encontrado por Abbie Graham, una niña de 9 años durante una visita con su familia al Parque Paraíso. Unos estudiantes japoneses depositaron la botella en el mar para estudiar la corriente Kuroshio. Después de recorrer 6.000km ha sido finalmente recuperada.

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Entre 1984 y 1985, los miembros de un club de ciencias naturales del Colegio Choshi de Chiba, en Tokio, lanzaron 750 botellas al mar para investigar las corrientes marinas. Éstas contenían mensajes en inglés, japonés y portugués y aparecieron en zonas de Filipinas, Canadá y Alaska.

La botella número 50 apareció en el sur de Japón en 2002 y la última encontrada, la número 51, ha sido recuperada por un niña de nueve años a 6.000 km de distancia.

Se estima que la práctica de enviar mensajes en botellas como parte de experimentos académicos es muy antigua. La primera correspondencia que se conoce fue enviada de esta forma, fue por parte del filósofo griego Teofrasto, quien era uno de los pupilos de Aristóteles. Supuestamente, Teofrasto estaba tratando de demostrar que el Océano Atlántico desembarcaba en el Mar Mediterráneo; sin embargo, no recibió la carta de regreso.

Finalmente, tras este hallazgo, se espera que pronto aparezca la botella número 52.

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