(Reuters)
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El primer Papa jesuita y latinoamericano de la historia, el argentino , cumple hoy 100 días en el Vaticano, durante los cuales ha cosechado una sorprendente popularidad en todo el mundo mostrando el rostro sencillo de la Iglesia.

Pero a la vez prepara una 'revolución pacífica' dentro de la desacreditada Curia Romana, el gobierno central, un reto que marcará su pontificado. ¿Podrá lograr el cambio?

IMAGEN RENOVADAFrancisco se ha convertido en poco más de tres meses en el Papa de todos, por su lenguaje directo y claro, por sus gestos de afecto en público y estilo sencillo, por dejarse tocar y abrazar por los fieles.

Un estilo menos tímido que el de su predecesor, el alemán , con el que convive dentro del Vaticano, siendo la primera vez en la historia que cohabitan dos pontífices.

Francisco desayuna con obispos, funcionarios, jardineros, no tiene un puesto fijo en el comedor común, prefiere estar rodeado de gente, algo que suscita mucha preocupación en sus agentes de seguridad.

FIRME EN CONTENIDOSSi para muchos observadores la línea pastoral es clara, "suave en las palabras y firme en los contenidos", es evidente que aún está por comenzar lo que algunos llaman la 'revolución pacífica'.

"Reformar la Curia Romana no será tan difícil. El controvertido banco del Vaticano acusado de blanqueo será reorganizado para que cumpla con los requisitos internacionales de transparencia. Lo más difícil será poner en función mecanismos colegiales de consulta, que permitan a los obispos participar en la decisión de las estrategias del papado", resumió el vaticanista Marco Politi a la agencia AFP.

La designación un mes después de su elección de ocho cardenales de todos los continentes para reformar la Curia Romana es considerado el acto más significativo de su breve gestión.

En pocos meses se tendrá una idea más definida de su reforma y del modelo de Iglesia que propone.

TAMBIÉN CRITICADOSin embargo, acabar con el ancestral centralismo de la Iglesia y tocar intereses inclusive económicos de importantes corrientes internas, muchas conservadoras, comienza a irritar a algunos.

"Es un demagogo", "no tiene el nivel intelectual de un Benedicto XVI", "un campechano", "puro folclore latinoamericano", son algunos de los reproches que se escuchan en los pasillos, dice el vaticanista Marco Politi, del Fatto Quotidiano.

Otros lamentan que el Papa no haya sustituido aún al número dos de la Santa Sede, el "primer ministro" del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, cuyo cargo ha perdido influencia en los últimos meses, en un ensayo quizá de una nueva forma de gobernar, menos jerárquica y más democrática.