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Luis Jaime Acosta (Reuters)

La guerrilla colombiana de las será la principal beneficiada de un porque ganará legitimidad política, justo cuando su debilidad militar es evidente, y sus líderes obtendrían prebendas que antes parecían inalcanzables.

El presidente , quien busca pasar a la historia como el mandatario que logró detener el violento conflicto de casi cinco décadas y sostener el crecimiento de la economía impulsado por el petróleo y la minería, también obtendría réditos políticos con vistas a su eventual reelección.

El lunes pasado, el jefe de Estado anunció que su gobierno mantiene conversaciones exploratorias de paz con las FARC sin suspender la ofensiva militar contra el grupo rebelde, lo que abrió un nuevo espectro para el país sudamericano.

"Es un logro espectacular para las FARC por cuanto representa nada menos que despojarse de esa identidad que tenían como grupo terrorista y, de la noche a la mañana, se convierten en un interlocutor político válido en Colombia y en un negociador legítimo para refundar el Estado", dijo el analista político de la Universidad del Rosario, Vicente Torrijos.

El grupo rebelde activo más antiguo del continente cuenta en la actualidad con unos 8,000 combatientes y es considerado una organización terrorista por Estados Unidos y por la Unión Europea.

Un acuerdo de paz le permitiría limpiar su imagen deteriorada por el narcotráfico y sus crímenes.

El inicio de una negociación formal, que sería a partir de octubre y que se haría en Cuba y Noruega, convertirá a las FARC en un factor electoral decisivo, opinó Torrijos.

"Si las FARC empiezan a dar muestras –así sean pequeñas, someras, parciales– de paz al gobierno del presidente Santos, van a garantizar su reelección y, asegurada esta, tendrán cuatro años para afianzar un proyecto estratégico (…) sin cárcel y sin extradición", argumentó.

Mientras Santos tendría la búsqueda de la paz como bandera de campaña, los jefes guerrilleros garantizarían su no extradición a Estados Unidos, país que ha pedido a los principales comandantes de las FARC por narcotráfico y terrorismo.

Una fuente de inteligencia dijo a Reuters que al asunto de la extradición se sumaría la petición de bajas condenas para resarcir sus crímenes, que incluyen asesinatos, secuestros, masacres y reclutamiento de niños, entre otros.

Las conversaciones cuentan con el apoyo de Estados Unidos y con la facilitación de Cuba, Venezuela, Noruega y Chile.

PAZ: UN TEMA ELECTORALLa búsqueda de la paz con las FARC fue un tema decisivo para la victoria electoral, en 1998, de Andrés Pastrana, quien se comprometió a negociarla.

Luego del fracaso de ese proceso, la situación con la guerrilla incidió también en la elección de Álvaro Uribe, quien lanzó la más fuerte ofensiva militar contra los rebeldes y se convirtió, recientemente, en el más fuerte crítico de Santos.

Estados Unidos ha apoyado la ofensiva militar contra el grupo, que desde 2008 ha perdido a influyentes comandantes, como Raúl Reyes, Víctor Julio Suárez y Alfonso Cano, mientras que miles de combatientes desertaron.

"Es evidente que el Ejército ha ganado posicionamiento y algunas batallas muy importantes frente a la insurgencia armada en Colombia, eso facilita la negociación", dijo el analista político Néstor Humberto Martínez.

Pero anticipó que no se puede esperar una paz inmediata. "Lo que hemos visto en las últimas semanas, que es escalar el conflicto por parte de la insurgencia armada, no es sino parte de la estrategia de la insurgencia para llegar fortalecida a la mesa de la negociación", afirmó.

DATOS

- El 60% de colombianos quieren un diálogo entre las FARC y el Gobierno, según una encuesta de Gallup. El 37% está en contra.

- El proceso de paz fallido más reciente fue en el gobierno de Pastrana (98-2002), que desmilitarizó 42,000 km2 en el sureste del país, hecho que las FARC aprovecharon para fortalecerse.