El retorno de los militares en la escena política de América del Sur. (AFP/Referencial).
El retorno de los militares en la escena política de América del Sur. (AFP/Referencial).

El año 2019 pasará a la historia como el año que remeció la región. Mientras que en Argentina y en Perú hubo cambio en la composición del equilibrio de poderes –el primero con la elección de un gobierno de izquierda y el segundo con la disolución del Congreso–, los violentos conflictos sociales y políticos en Ecuador, Chile y colocaron en jaque a sus respectivos jefes de Estado. En el caso altiplánico, fue mate.

Dentro de la turbulencia, un protagonista, silencioso y observador, asomó para dejar en claro su fundamental participación en la estructura del poder de estos países: las Fuerzas Armadas. Los militares, que hasta la década de los 90 fueron operadores de golpes de Estado y dictaduras en América Latina, han sido elementales, en los últimos meses, para legitimar gobiernos u obligarlos a retroceder. Cabe preguntarse si hoy representan la protección de toda una nación y si sus acciones tienen motivaciones políticas y no estrictamente las que ordena la Constitución.

En los diferentes países, las Fuerzas Armadas han tenido sus propias historias y hábitos de interrelacionamiento con la ciudadanía. Por ejemplo, en Perú, la institución quedó dañada luego de la caída de Alberto Fujimori. En ese sentido, la confianza en ellas también resulta clave también para la preservación de la institucionalidad.

CONFIANZA AL DESCENSO

Revisemos las cifras del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP), desde 2004, en Chile, Perú, Bolivia, Argentina y Ecuador. El gráfico muestra la evolución de los niveles de confianza en los últimos 15 años. Se observa una trayectoria de altos y bajos en la opinión pública respecto a la confianza en las FF.AA. Sin embargo, en los últimos años del estudio, se puede concluir que en todos los países se marca una tendencia negativa.

En Chile, las instituciones castrenses solían tener un apoyo social alto y sostenido asentado en dos tercios de la opinión pública. Incluso, en 2010, LAPOP registra un apoyo superior de 76.2%. Sin embargo, esta corriente ha ido en declive, perdiendo desde entonces más de 20 puntos porcentuales. Hoy la mitad de chilenos (52.2%) confía en sus fuerzas del orden.

Ecuador grafica una tendencia contraria. Mientras que al inicio del ciclo analizado la confianza en las Fuerzas Armadas Ecuatorianas estaba por debajo de la mitad de la ciudadanía (48.2%), creció a los niveles más altos entre el grupo estudiado, llegando a 78.8% en 2017. Hoy, el 73.1% de ecuatorianos tiene confianza en estas organizaciones tutelares.

Las instituciones castrenses peruanas han heredado un desprestigio proveniente de décadas pasadas. En el periodo estudiado, la confianza en ellas estuvo normalmente por debajo de la mitad de la población encuestada, llegando a niveles tan bajos como el 35.9% en 2012. En los últimos años, sin embargo, los niveles de apoyo se han incrementado significativamente llegando al 64.1% en 2017, quizás como producto de su desempeño frente a desastres naturales.

Las Fuerzas Armadas de Bolivia y de Argentina son las que más baja confianza despiertan en sus respectivos países, dentro del grupo de casos comparados. En Bolivia, los niveles de apoyo estuvieron normalmente por debajo del 50% de las comunidades encuestadas, con la excepción de 2017 (54.5% de confianza). En Argentina, estamos ante una de las instituciones que generan más desconfianza, con niveles de apoyo muy bajos (23.6% en 2008). Aunque ha tenido un repunte en 2017 (55.8% de confianza), en la actualidad un 44.8% califica su confianza.

El protagonismo reactualizado de los militares en la política sudamericana sucede en un contexto generalizado de descenso de la confianza en estas instituciones. Pero solo en Ecuador, estas instituciones siguen concentrando un apoyo social mayoritario.

CIFRAS

- 78.8% es el máximo nivel de confianza alcanzado. Fue por Ecuador, en 2017.

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