Las limitaciones interpuestas por el Gobierno portugués "de movilidad temporal" en pleno 'tsunami' de casos devuelven la inquietud a estas zonas fronterizas, donde, además de intereses económicos, comparten vida tanto laboral como personal. (Foto: EFE)
Las limitaciones interpuestas por el Gobierno portugués "de movilidad temporal" en pleno 'tsunami' de casos devuelven la inquietud a estas zonas fronterizas, donde, además de intereses económicos, comparten vida tanto laboral como personal. (Foto: EFE)

Las localidades de Ponte Barxas y Sao Gregorio, una en y otra en , que están separadas únicamente por una carretera internacional que cruza el río Barxas, al norte de la península ibérica, viven con preocupación esta primera jornada de cierres fronterizos, que comenzó con restricciones en los principales pasos de comunicación entre ambos países.

España y Portugal restablecieron este domingo los controles en la frontera interior terrestre de manera temporal, hasta el 10 de febrero, debido a la fuerte incidencia de la tercera ola del COVID-19, de manera que solo se permitirá el tránsito por lugares determinados y horarios determinados y motivos justiticados como laborales, de estudios y residencia.

Las limitaciones interpuestas por el Gobierno portugués “de movilidad temporal” en pleno ‘tsunami’ de casos devuelven la inquietud a estas zonas fronterizas, donde, además de intereses económicos, comparten vida tanto laboral como personal.

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Incertidumbre y malestar

En el caso de Ponte Barxas, la única vía de comunicación, una carretera internacional que portugueses y españoles tomaban hasta hoy con asiduidad para hacer compras, repostar combustible o tomar un café, permanece cerrada por vallas.

“Este nuevo cierre supone un golpe durísimo y es un trastorno para todos”, comenta a Efe Rosa María Álvarez. Vive en Portugal, con un negocio de peluquería en la localidad española de Padrenda, pero no sabe si podrá trabajar.

Como ella, decenas de portugueses y de españoles se han visto afectados por estas restricciones.

“Este nuevo cierre afecta mucho. Es una tristeza, no se ve un alma por la calle”, asiente con pesar el alcalde de Padrenda, Manuel Pérez, quien resalta la convivencia pacífica que existe en estas zonas fronterizas.

Además compartir intereses económicos, conviven: por un lado, portugueses que entran en España “a repostar, tomar café o a los restaurantes; y también, al revés, españoles que van de compras “al centro comercial” de Portugal, apenas a ocho kilómetros”.

Con la mayor parte de pasos cerrados, el alcalde de Padrenda expresa a Efe este malestar por el cierre del de Ponte Barxas, uno de los “más antiguos” entre España y Portugal, con gente “que trabaja de un lado y otro del río”.

Posibles confusiones

De hecho, en 1886, el portugués José Augusto Vieira ya dejó en su obra “O Minho Pittoresco”, una descripción humorística del pequeño puente y los pueblos que éste unía y que con el tiempo fue sustituido por una carretera internacional.

En esta zona, llegó a existir una aduana sin uso y los vecinos tenían hasta la medianoche para pasar, ya que después “cerraba”, rememora.

Por el momento, los alcaldes de la zona y la Agrupación Europea de Cooperación Territorial (AECT) de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal ya han reclamado la apertura de más pasos fronterizos.

Más aloriente, en Feces de Abaixo, donde casi 90 % de la clientela es portuguesa, comparten la preocupación por este nuevo cierre que, aunque “inesperado”, no supone grandes cambios en el lado español.

“Para Galicia (la región española fronteriza), no supone ninguna novedad porque aquí ya había restricciones de movilidad”, comenta a Efe Pablo Rivera, director general de la Eurociudad Chaves-Verín.

Con un único paso abierto, el de Verín, la principal preocupación en Orense, la provincia española que tiene más kilómetros fronterizos con Portugal, radica en las medidas tan restrictivas.

“Puede darse el caso de que haya confusiones respecto a la hora de cierre y que haya gente que quiera pasar cuando esté cerrado”, comenta Rivera, quien reivindica que se informe muy bien sobre los horarios y los pasos abiertos.

Es la reflexión que realiza este empresario, que lamenta que los Gobiernos “ignoren la realidad de la frontera”, donde existen “intereses empresariales” y una vida en común, con “matrimonios mixtos” o estudiantes escolarizados en el país vecino.

Para el gerente de la Eurociudad, “esto no soluciona nada” y por eso pide con “urgencia” una tarjeta ciudadana “para los residentes” de estas zonas fronterizas para que puedan hacer su vida con normalidad.

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