Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. (Foto: Reuters)
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel. (Foto: Reuters)

parecía encaminarse el miércoles a un histórico quinto mandato como primer ministro de Israel. Los resultados no oficiales de la elección general daban a su partido de derechas, el Likud, y a otras formaciones nacionalistas y religiosas una sólida mayoría en el parlamento.

El resultado afirmó el giro continuado de hacia la derecha y redujo más las esperanzas de hallar una solución negociada al conflicto israelí-palestino. La reelección daría un importante impulso a Netanyahu, que podría ser imputado en una serie de escándalos de corrupción.

Con el 97,4% de los votos contados el miércoles, el Likud y sus aliados naturales tenían una mayoría de entre 65 y 55 escaños en el parlamento.

Aún estaba por ver si algunos partidos pequeños cruzarían el umbral de la representación parlamentaria, de modo que la composición de la cámara aún no estaba clara.

En cualquier caso, el país se enfrenta ahora a lo que podrían ser semanas de negociaciones políticas por la composición de la coalición gobernante.

En todos los escenarios posibles, Netanyahu era el gran ganador.

El veterano mandatario había librado una campaña muy ajustada contra un militar retirado, el centrista Benny Gantz, cuya joven formación Azul y Blanco se había convertido en una alternativa viable de gobierno.

Los resultados finales lo mostraban igualado con Likud en 35 escaños, pero la mayoría de sus apoyos parecían llegar a expensas del Partido Laborista y el Meretz, dos agrupaciones antiguas que registraron mínimos históricos en los comicios del martes.

Junto con sus socios actuales, formaciones nacionalistas y ultraortodoxas, Netanyahu no debería tener problemas en formar una coalición con mayoría en la cámara de 120 escaños.

Con una victoria, Netanyahu lograría su cuarto mandato consecutivo y quinto en total, lo que le convertiría este verano en el gobernante que más tiempo ha liderado Israel, superando al padre fundador David Ben-Gurion.

“Es una noche de tremenda victoria”, dijo Netanyahu a sus seguidores el miércoles por la mañana, indicando que ya había empezado a hablar con partidos conservadores y religiosos sobre una nueva coalición.

“Quiero dejarlo claro, será un gobierno de derechas, pero pretendo ser el primer ministro de todos los ciudadanos israelíes, de izquierdas o de derechas, judíos o no judíos por igual”, añadió.

Su mensaje de unidad marca un gran contraste con su campaña, en la que acusó a Gantz de conspirar con partidos árabes para derrocarle. Líderes árabes acusaron a Netanyahu de demonizar a la comunidad árabe del país, que supone en torno al 20% de la población.

Aunque el conflicto israelí-palestino apenas se mencionó en la agresiva campaña, el mandatario sí prometió en los últimos días anexionar por primera vez zonas de la ocupada Cisjordania, en una llamada desesperada a su base conservadora.

Netanyahu ha incumplido promesas electorales en el pasado, pero cumplir esta sería un acontecimiento trascendental que podría eliminar las ya menguadas esperanzas de formar un estado palestino.

Agencia AP

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