India: Nueva Delhi, donde la élite gay ya era libre antes de la despenalización

Desde la semana pasada, la ley que penalizada la homosexualidad fue declarada inconstitucional en India por el Tribunal Supremo

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Miembros y simpatizantes de la comunidad LGTB de la India celebran la decisión de la Corte Suprema de anular una prohibición de sexo gay, el 6 de septiembre de 2018. (Foto: AFP)

Miembros y simpatizantes de la comunidad LGTB de la India celebran la decisión de la Corte Suprema de anular una prohibición de sexo gay, el 6 de septiembre de 2018. (Foto: AFP)

Redacción Redacción

Nueva Delhi. En las noches de Nueva Delhi, los cócteles y el champán de un bar gay del centro de la capital van y vienen con el mismo descaro esta semana que hace un mes cuando una ley amenazaba con encarcelar a los homosexuales de la India, un país en el que la elite ha podido vivir siempre sin ocultarse.

"Bienvenidos al dominio de la reina", dice la entrada del lujoso club que por años ha sido el punto de encuentro para la comunidad LGTB de la capital india, una ciudad que goza de las más exóticas fiestas para mantener lejos de los prejuicios de la sociedad conservadora a quienes tienen cómo pagar esta vida exquisita.

El lugar es apenas una escena de una elite de la comunidad que gracias a ciertos privilegios ha vivido por años en una burbuja dentro del país que hasta hace poco tenía una de las legislaciones más antiguas contra las relaciones homosexuales, el artículo 377, que proviene de la época victoriana y que hace una semana fue declarado inconstitucional por el Tribunal Supremo.

"Nunca ninguno de los amigos que tenemos aquí o nosotros hemos tenido la homosexualidad como un problema legal con la policía, o con consecuencias por el artículo 377", asegura a Efe Alessandro mientras se pasea con su novio por la fiesta de uno de esos costosos clubes.

Sijs, hindúes, cristianos o musulmanes, vestidos con camisas de sedas, lentejuelas y coloridos estampados bajan de los coches por igual y entran despreocupados al local que tiene a un musculoso chico lleno de espuma bailando en tanga dentro de una pecera de cristal.

Las amenazas de extorsión de la policía o de vecinos que ha preocupado a los activistas y a muchos jóvenes durante años, son leyendas en este lugar en el que los besos y abrazos van y vienen en los salones, y las pantallas titilan frases que gritan, "amor puro", "orgullo gay".

"Ni nosotros ni ninguno de nuestros amigos ha sufrido por ser gay en todos estos años, pero te estoy hablando de indios muy ricos con contactos en la policía o influyentes a los que nadie puede tocar", dice a Efe un italiano que vive en Delhi desde hace casi cinco años.

Lo que separa a esta elite del resto del colectivo que hasta hace unos días solo podía verse a escondidas o contactarse en línea, son las miles de rupias que cuesta entrar en el círculo y mantener el estilo de vida del "ambiente" sofisticado.

Para estos chicos "la noche no tiene nada que ver con el día, la gente que se mueve de noche en Delhi, que paga solo por entrar a un local 3.000 rupias (35 euros), no la vas a encontrar durante el día por la calle, son espacios tan diferentes", cuenta a Efe Alberto, novio de un ejecutivo de una compañía internacional instalado en Delhi desde hace varios años.

En un país donde un salario promedio puede rondar las 10.000 rupias (120 euros) al mes, "hay gente que no se podría permitir pagar por una copa de 20 euros, o una entrada de 60 euros, lo que ya influye en que los que pueden entrar son de una categoría superior", añadió.

Hay una red todavía más privada tejida entre la propia comunidad para incluir a empresarios, diplomáticos o ejecutivos que quieren espacios aún más exclusivos en las casas y villas de las que reciben invitaciones desde hace muchos años a través de sus teléfonos móviles.

Wael, un médico musulmán que visita las fiestas y los clubes con su novio, un actor y modelo hindú de 24 años, reconoce a Efe que el dinero es lo que hace la diferencia en su caso, incluso desde la escuela cuando su situación económica le salvó de ser llamado "eunuco" por su compañeros.

"Y si no fuera por eso, hoy nadie me llamaría doctor", dice agradecido desde la barra del bar donde el camarero ya conoce su nombre.

Todas son historias muy diferentes a las de otros jóvenes gais y lesbianas que en desventaja social, hace apenas una semana no habían visto tantos miembros de la comunidad en un mismo sitio salvo en comunidades anónimas en internet.

El profesor de leyes en la Jindal Global Law School y activista Danish Sheikh, sostiene como un hecho que "si formas parte de la clase alta no te enfrentas a la violencia de la misma manera que las personas de una clase social inferior".

"Las personas que pertenecen a una clase socioeconómica más baja son los más vulnerables, ellos no tienen acceso a lugares privados, mientras que las personas de las clases altas disponen de ingresos, acceso a educación y acceso a lugares de trabajo más liberales", dijo.

Sin embargo, "el estigma los afecta a todos", explica a Efe el académico, que da clases desde hace varios años en una universidad de leyes y que no ha ocultado nunca su orientación sexual.

Fuente: EFE

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