Molly Gibson ya es famosa con menos de dos meses de nacida, y es que esta de Tennessee, egó al mundo a partir de un embrión criopreservado por 28 años. ¿Cómo se logró tal hazaña? El Dr. Augusto Ascenzo Aparicio, past president de la Sociedad Peruana de Fertilidad, explica a detalle los alcances de este procedimiento.

El nacimiento de la pequeña en octubre pasado, marcó un hito en la historia de la reproducción asistida. La bebe llegó al mundo a partir de un embrión que estuvo congelado por 28 años, con lo que rompió un récord en este tipo de procedimientos.

El embrión de Molly estuvo criopreservado desde 1992 hasta principios de este año, cuando fue adoptado por Tina y Ben Gibson, ambos naturales de Tennessee, EE.UU. La bebe nació con apoyo del Centro Nacional de Donación de Embriones d (NEDC, por sus siglas en inglés), una organización que ayuda a congelar embriones que las parejas no llegan a fertilizar.

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Además de, la familia Gibson tuvo otra hija, Emma, que nació tres años atrás, también de un embrión congelado, pero en 1994. Hasta antes de la llegada de Molly, Emma tenía el récord de nacimiento de un embrión congelado más largo de la historia.

Tecnología bajo cero

Desde que en 1983 fuera reportado en Holanda el primer embarazo obtenido mediante transferencia de embriones fecundados in vitro y criopreservados, la tecnología en este campo ha avanzado a pasos agigantados.

“En todo este tiempo, han ido mejorando los medios crioprotectores, los sistemas de almacenamiento y los protocolos de congelación, lo que ha aumentado las tasas de éxito de embarazos”, explica el Dr. Augusto Ascenzo Aparicio, ginecólogo y especialista en fertilidad de la Clínica Miraflores, y past presidente de la Sociedad Peruana de Fertilidad.

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Pero, ¿en qué consiste la vitrificación de embriones? Primero, debemos definir lo que es la vitrificación. Se trata una técnica de congelación ultrarrápida basada en la utilización de unas sustancias llamadas crioprotectores (que protegen las células) y una velocidad de enfriamiento muy elevada.

Hasta hace unos años, la mejor manera de conservar embriones era por congelación lenta (slow freezing), ya que se pensaba que así no se formarían cristales de hielo. Sin embargo, muchos terminaban dañados internamente y no sobrevivían.

La vitrificación cambió todo esto. Gracias a esta técnica se evita la formación de cristales al interior de las células, protegiendo así sus estructuras. Esto ha permitido subir las tasas de implantación, y por ende la posibilidad de embarazos.

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Por tiempo indefinido

Hoy en día, la vitrificación se utiliza tanto para preservar embriones como óvulos. Durante un tratamiento de Fecundación in Vitro (FIV), luego de la estimulación ovárica y la fecundación de los óvulos en laboratorio, se obtienen varios embriones que pueden permanecer en cultivo pocos días.

Estos embriones no pueden sobrevivir más de seis días en cultivo. Por ello, es necesario vitrificarlos. “Los embriones permanecen congelados a -196 grados centígrados en tanques de nitrógeno líquido. Allí se conservan por tiempo indefinido, hasta que la mujer o la pareja decidan utilizarlos”, sostiene Ascenzo Aparicio.

Las altas tasas de supervivencia de los embriones tras su desvitrificación han permitido optimizar los tratamientos de FIV, debido a que son necesarios menos ciclos de estimulación para conseguir la esperada gestación. “Con la vitrificación se conserva intacto el potencial de implantación del embrión. La tasa de supervivencia es bastante alta”, afirma el experto.

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Las guías de reproducción asistida recomiendan vitrificar embriones cuando no ha sido posible la transferencia embrionaria en un mismo ciclo de estimulación. Por ejemplo, cuando la paciente tiene riesgo de sufrir síndrome de hiperestimulación ovárico o cuando el endometrio ha engrosado lo suficiente y no será receptivo.

También cuando quedan embriones sobrantes que pueden ser transferidos en próximos intentos, cuando se desea tener otro hijo en el futuro. “Muchas parejas lo consideran una buena forma de preservar su fertilidad, en lugar de congelar los óvulos y semen por separado”.

Por último, queda la posibilidad de que la mujer o la pareja decida donarlos a otras personas con problemas de infertilidad, tal como ocurrió con los padres de la bebe estadounidense Molly Gibson.

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¿Y la vitrificación de óvulos?

En el caso de la vitrificación de óvulos, las mujeres que no tienen un proyecto de tener hijos en el corto y mediano plazo, y que tienen entre 32 y 35 años, tienen en esta tecnología una buena opción para mantener sus óvulos jóvenes y volver a utilizarlos años después sin complicaciones.

El procedimiento en este caso es muy similar al de los embriones. Los óvulos se congelan en tanques de nitrógeno líquido a -196 grados centígrados. A esta temperatura, las células entran en un estado de vida inanimada. “A la hora de desvitrificar, se aplica una solución especial para que el óvulo recupere el agua intracelular”, indica Ascenzo Aparicio.

La vitrificación también podría ser muy útil en mujeres jóvenes que deben someterse a una quimioterapia por cáncer, debido a que este tratamiento daña los ovarios. “Se recomienda incluso cuando hay endometriosis o una predisposición genética a la menopausia precoz, con condiciones de riesgo para llevar un embarazo normal. En estos casos, la vitrificación es una buena opción”, refiere.

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