Cuando las autoridades de un colegio en Canto Grande llevaron a dos niños a la dirección para castigarlos por una pelea, no esperaban lo que iban a confesar: ellos acusaron a uno de sus compañeros de llevar droga a la escuela.

Fue así que el director llamó a la Policía y descubrió que el pequeño de siete años llevaba PBC para venderla en el centro educativo. El niño, al ser interrogado, afirmó que su tía lo obligaba a distribuir la pasta básica.

Tras ello, los efectivos inspeccionaron el domicilio de la mujer, Paulina Maraví, y encontraron 72 envoltorios con el estupefaciente. También se detuvo a la abuela del menor, Gloria Ríos.