Mario Casaretto es jefe de la Cuarta Comandancia Departamental de Lima. (FOTO: EDUARDO CAVERO).
Mario Casaretto es jefe de la Cuarta Comandancia Departamental de Lima. (FOTO: EDUARDO CAVERO).

Soñaba que se elevaba por las nubes. Su madre tenía una luz, como una aureola. “Mamá, aquí estoy”, le dijo. Pero también se encontró con sus amigos en algo parecido a un camerino de fútbol, de paredes de mayólicas, alumbrados por una luz intensa. “Anda, vete, ¿qué haces acá?”, le decían. Y despertó del sueño, uno que duró 44 días en la , un sueño que para su familia fue como una pesadilla.

es candelero, su especialidad como bombero. Lleva casi 50 años dedicados al cuerpo de bomberos. Es jefe de la Cuarta Comandancia Departamental de Lima. Pero contrajo el COVID-19 en febrero, que lo tuvo 75 días internado en el Hospital Almenara de Essalud, recinto que lo ha visto nacer dos veces.

Cuando abrió los ojos, no pensó que había pasado 44 días desde que fue sedado. Miró a su alrededor y dice que la cama parecía un sarcófago; estaba en posición horizontal, con artefactos médicos instalados en distintas partes del cuerpo, porque le hicieron una traqueotomía para sacarle el ventilador. Fue sometido a ocho diálisis para limpiar las bacterias que se filtraron en la sangre. “Por eso la llamo una ”, me dice Mario desde la habitación de su casa, donde reposa el hombre que domina el fuego y la muerte.

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-¿Cómo fueron los minutos previos a ser sedado y que entrara en este sueño de 44 días?

No me di cuenta. Mi hijo me dijo que me sedarían y yo le dije que no. No quería que me intubaran. Debe haber sido la habilidad de las licenciadas en ponerme algo para dormir. Después de la conversación con mi hijo, donde le pedían permiso para que me intubaran, ya no me acuerdo.

-¿Por qué no quería ser intubado?

Por el temor a perder la voz, el habla, por lo que se escucha de los resultados luego del intubamiento (dice con voz un tanto agotada, pero nítida).

-¿Qué le respondió su hijo?

Que no había otro camino, porque tenía el 90% del pulmón comprometido. Marito ha sido una persona muy fría para tomar decisiones. Firmó la autorización para que me quitaran 14 antibióticos y tomaran otro proceso de medicinas, que creo que fue el que salvó mi vida, porque los 14 antibióticos no hacían nada. Mi ángel de la guarda, mi hijo, tomó las mejores decisiones junto con los médicos, guiados probablemente por Dios.

-¿Cómo va la recuperación?

Estar cerca de la familia, de tus hijos, que es lo que más deseas cuando estás en los peores momentos, hace que la recuperación sea un poco más acelerada. Ya me paro, ya camino, voy a los servicios solo; creo que es un gran avance.

-Además de la movilidad, ¿presenta otras secuelas?

Tienes que comenzar de cero. Hacer ejercicios con los brazos, ejercicios de recuperación para los pulmones y recuperar la fuerza para caminar. Lo importante es no dejar de comer; enfermo que come no muere.

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-¿Tiene miedo?

No, nunca he tenido temor. He tenido incendios donde he pensado en mi familia antes de entrar y he decidido entrar. Creo que soy un bombero de candela, donde me enfrento y peleo con el fuego para poderlo dominar. Creo que me formaron para tener ese valor de enfrentarme a los peores riesgos.

-¿Entrar a la UCI ha sido como ingresar a un incendio?

Sí, creo que ha sido un reto. También es una hazaña médica. He estado a un 10% de dejar la Tierra y creo que los médicos han tenido la sabiduría de poder sacarme adelante y eso me hace sentir que debo poner de mi parte para cumplir con lo que me falta. Tengo hijos chicos, el menor tiene 6 años y es mi motor y motivo. Tengo 8 hijos y 5 camino a ser grandes personas: mi hija mayor es comunicadora; Marito es mi ángel de la guarda, médico cirujano dentista; otro hijo que siguió negocios internacionales; Renato que trabaja en el Banco de Crédito y que este año se recibe como economista, y Piero de 17 que quiere ser periodista deportivo. Y mis tres últimos hijos que viven conmigo.

-¿Por qué eligió ser bombero a los 14 años?

Desde los 6 años veía a dos vecinos que eran bomberos y que llegaban al edificio del parque Porvenir con el Jeep, a veces con la máquina de los bomberos. Yo bajaba con mi trapito para ayudar a limpiar el carro. Los admiraba. A los 10 años falleció mi papá. Yo vendía gas en un triciclo y me ganaba 50 céntimos por galón junto con mi hermano. Eso me hizo ver más de cerca la calle. Y en un incendio que hubo en el jirón Italia, en La Victoria, me metí a los 14 años para ayudar a jalar la manguera y le pregunté al subteniente si podía ir a los bomberos. Me dijo que con una carta notarial de mis padres me recibía. En ese incendio me amanecí, a mi casa llegué tarde con el pantalón roto. Le conté a mi mamá lo que había pasado y me firmó la carta notarial.

-¿Cuando acabó el colegio, solo se dedicó a ser bombero o estudió algo paralelo?

Cuando acabé el colegio, quería ser psicólogo, pero a la vez entré a la Policía. Estuve en el escuadrón de emergencia seis años, en la Central 105, en el Grupo Delta. Cuando estaba en el primer ciclo de Psicología, lo dejé porque en plena época del terrorismo me mandaron a Ayacucho. A los 19 años me casé y fui padre.

-Usted vive como el fuego, con intensidad.

Y ahora estoy en el noveno ciclo de Administración y Finanzas, y pienso terminar el próximo año.

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-¿Por qué ser bombero?

Me he criado en el barrio más difícil, en el parque Porvenir, donde he visto de todo. Los bomberos me salvaron y me hicieron cambiar el rumbo de la vida. Ser bombero es una ocupación permanente donde no piensas en el mal.

-¿Piensa en la jubilación, en el retiro?

El retiro para los bomberos es a los 70 años. Tengo 9 años para lograr mi objetivo de alcanzar el máximo sitial: ser comandante general, y creo que está dentro de las posibilidades, si es que los bomberos del Perú así lo quieren. Es la meta. El 27 de octubre de 2021 cumpliré 47 años en los bomberos.

AUTOFICHA:

- “Soy Mario Carlos Casaretto La Torre. Tengo 61 años. Nací en el Hospital Almenara dos veces: una cuando vine a este mundo y otra ahora que me recuperé del COVID-19. Agradezco al señor Jorge Amorós, director del hospital; a la doctora López, directora de la UCI”.

- “También quiero agradecer a la jefa de piso del Almenara. He visto que con todos los pacientes hay una preocupación constante por salvar la vida. También agradecer a la presidenta de Essalud, Fiorella Molinelli, que nos ha ayudado a todos los bomberos”.

- “Fui policía hasta que entré a trabajar al Canal 4, donde llegué a ser gerente de Seguridad, y adonde me llevé a trabajar a varios bomberos. Luego he sido gerente en la Municipalidad de Lima, en Miraflores y ahora en San Isidro, donde soy el coordinador de Gestión de Riesgos y Desastres”.

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