Mariana Alegre: "Lima no tiene una visión de ciudad, no tenemos un plan"

“El buen espacio público genera seguridad y ayuda a eliminar el miedo a movilizarnos”, remarca la urbanista.

Mariana Alegre

(Perú21/ Mario Zapata)

Alegre, la directora de Lima Cómo Vamos, conversa con nosotros sobre los beneficios de los espacios públicos y señala que las ciudades deben estar construidas pensando en la gente, incluyendo a mujeres y discapacitados. (Perú21/ Mario Zapata)

Perú21

Mijail Palacios

Está sentada en el paradero. No espera el transporte público. Está ahí para encontrarse con dos periodistas. Mariana Alegre nos ha citado en el cruce de las calles Mendiburu y 8 de Octubre, en Miraflores. Singular zona de seis esquinas. Urbanista y columnista de este diario, dirige Lima Cómo Vamos, una de las organizadoras del Foro Internacional de Intervenciones Urbanas, que empieza hoy, donde especialistas urbanos se reunirán para abordar la importancia de las políticas públicas en torno a la ciudad. Cruzamos a una de las esquinas y sentados en una banca, en medio del ruido de las bocinas y los motores, intentamos entender a nuestra ciudad y lo que debemos hacer por ella.

Ensayando una suerte de diagnóstico sobre cómo está Lima, ¿se puede afirmar que hemos retrocedido?
Soy optimista. Pero en tanto Lima no cuente con una visión de ciudad, los esfuerzos que se hagan son independientes y desarticulados. No tenemos una visión de ciudad, no tenemos un plan. La planificación urbana es fundamental para guiar el crecimiento. Sin embargo, hace 10 años no teníamos Metropolitano y, por lo tanto, es una mejora. También ya tenemos Metro. Claro, pero como no hay planificación, Metro y Metropolitano están desarticulados.

Bueno, antes ni siquiera se hablaba de estos temas.
El Perú tiene 30 años o más de atraso en la discusión en términos urbanos. Pero se viene una nueva generación, que es la masa crítica de ciudadanos interesados por la ciudad. Eso hará el cambio, esa masa elegirá mejor. Ahí recién tendremos buenos alcaldes.

Meses atrás, un artista intervino cruceros peatonales en San Isidro, pero su obra fue borrada. Y hace unos años, en el Centro de Lima, se borraron murales. ¿Cuando pasa eso, qué le ocurre a la ciudad?
Es una resistencia al cambio, que la vemos cuando el dueño del vehículo privado se resiste a que creen una ciclovía porque piensa que le van a reducir espacio. O cuando el pasajero le pega al chofer o con los vecinos que hacen crecer sus casas por encima del retiro. Todas esas prácticas implican una suerte de privatización del espacio público y un entendimiento de que la ciudad no nos sirve como bien común, cuando es todo lo contrario. Así, la autoridad también se resiste al cambio.

¿Cómo hacer entender a los ciudadanos que es importante mantener vivos los espacios públicos?
A partir de la experiencia. Y hay que analizar qué le molesta. Quizá también a través de reconocer la utilidad que les generan en términos prácticos. Por ejemplo, hay controversias sobre las ciclovías, pero cuando se construyen, los predios de los alrededores valen más. Ahora, hay que tener en cuenta una complejidad mayor: en la época del terrorismo, la ciudad le volteó la espalda al espacio público, pues era peligroso. Aparecieron los grandes muros, que era la arquitectura del terrorismo. Eso hace que te encierres, lo que generó ciudadanos que hoy ya son padres y rechazan la ciudad porque les ha sido muy hostil. Hay que aprender a confiar.

Aunque hoy tenemos la inseguridad. ¿Cómo enfrentarla desde el uso correcto de los espacios públicos?
Los robos y los hechos delictivos importantes suelen ocurrir en lugares con menos gente. Hay un concepto de ‘ojos en la calle’ que dice que, mientras más gente hay en la calle y miradas estén en ella, las cosas malas pasan menos. El buen espacio público genera seguridad y ayuda a eliminar el miedo a movilizarnos.

Hay un concepto de ciudades seguras para niñas. ¿Qué implica ello?
En el mundo, las ciudades suelen ser hechas para un usuario homogéneo: hombre, adulto, sano y, usualmente, blanco. No se genera ciudad para grupos vulnerables, mujeres, niños, ancianos, discapacitados. El puente peatonal no está pensado para la mujer con dos hijos y embarazada o la persona con silla de ruedas. Esa ciudad está pensada para el auto. El puente peatonal no sirve para que crucemos más seguros, sino para que el auto no pare.

Porque, finalmente, si el carro no avanza, se genera tráfico y, consecuentemente, estrés en los usuarios.
Hay 13% de viajes en auto al día, en Lima y Callao, pero el 25% de personas camina. Entonces, hay que darle prioridad al peatón. Obviamente, nadie quiere que haya tráfico, pero eso se resuelve con mejor gestión vial y de los flujos viales, que no significa rapidez. Uno necesita fluidez y no rapidez. La rapidez mata, la fluidez te hace llegar a tu destino a tiempo. Ahora, si tienes que elegir, tienes que optar siempre por el peatón. Hoy el auto privado es el más importante. En el enfoque de la movilidad sostenible, primero es el peatón, el ciclista, el transporte público, el transporte de carga y, al final, el vehículo privado.

¿Hay cultura del uso de bicicletas como transporte?
En una encuesta preguntamos: ¿Qué medidas mejorarían la movilidad? Y hay un porcentaje grande de gente, que no estoy segura si es 16% o 20%, que dice que las ciclovías lo harían. Consideremos que el porcentaje de personas que manejan bicicleta aún es menos del 1%. Son pequeñas transformaciones que van haciendo lo que yo llamo la revolución urbana: decidir no usar bolsas de plástico o conversarle a alguien en la calle.

Se vienen elecciones municipales. ¿Qué retos tienen los alcaldes?
Aún estamos ante candidatos que no saben de ciudad. Tienen que definir una hoja de ruta en función de un plan de ciudad: planificación y acción. Hay que darle prioridad al transporte y el tránsito, sobre todo el transporte masivo. E invertir en mejorar los espacios públicos.

¿Cómo detecta el votante a un potencial alcalde eficiente?
Teniendo en cuenta que tenemos cinco alcaldes presos, una de las pocas maneras de reconocer es empezar a votar por quien ha demostrado un compromiso por su ciudad.

AUTOFICHA
​- “Estudié Derecho en la U. Católica, pero no lo ejerzo. Hice una maestría en Derechos Humanos y otra en Diseño de Ciudades y Ciencias Sociales en London School of Economics, que es la que me ha hecho urbanista. Soy profesora de la PUCP de Gestión Social y enseño en una maestría de Arquitectura y Urbanismo”.

- “Monto bicicleta, camino siempre. Tengo dos hijos. Mi hija mayor se llama Lima y el menor Amadeo. Le puse Lima por la ciudad, porque nuestra capital es linda. Hay que empezar a darnos cuenta de eso. A ella le encanta llamarse así y lo aclara cuando creen que es por la fruta”.

- “Intento no cruzar en luz roja, excepto cuando es necesaria la desobediencia urbana, porque es una herramienta para promover cambios. Cuando hay semáforos mal calibrados, con malos tiempos, sugiero a los peatones que crucen ‘mal’, porque el que está mal es el semáforo. Es algo que quiero plasmar en un libro”.

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