El 31 de marzo cumplió 68 años y su mejor regalo fue llegar a la –el albergue creado para los indigentes en la Plaza de Acho– para protegerse del coronavirus y de la calle, esa que le enseñó el lado más duro de la vida y a la que, asegura, no quiere regresar nunca más.

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“Me siento más seguro y fuerte... Ya entré en la sociedad. En el mundo que he vivido, no he visto tanto amor ni tanto cariño. Duermo a mi hora; antes lo hacía sobre cartón y plástico. Tengo alimentación y me ducho a diario. ¡Qué más puedo pedirle a Dios!”, dice Jesús Medina, quien tiene dos hijos a los que no ve hace años. Tal vez, ya no se reconocerían.

Alberto Arenas, de 65 años, cambió las bancas del Parque Universitario por una cama en el albergue. “Trabajaba vendiendo helados en la vía pública. Con eso me alcanzaba para comer y pagar 10 soles para pasar la noche en un hotel, pero con la cuarentena me quedé en la calle. No tenía ni para comprar un pan. Estaba desesperado”, cuenta.

La voz se le quiebra cuando dice que se sentía abandonado y que no le importaba a nadie. Añade que esta experiencia le permite “reflexionar y valorar la vida”.

"Ya desaproveché muchas oportunidades en la vida, pero está sí la voy a aprovechar", dice Alberto, albergado en la Casa de Todos. (Jesús Saucedo)
"Ya desaproveché muchas oportunidades en la vida, pero está sí la voy a aprovechar", dice Alberto, albergado en la Casa de Todos. (Jesús Saucedo)

Tanto Jesús como Alberto y los otros 120 indigentes que fueron acogidos en el refugio ahora tienen la esperanza de reinsertarse a la sociedad y lograr algo. Su esperanza se basa en que la , que se encarga de administrar la Casa de Todos, anunció que esta será permanente y se trasladará a la residencial Palomino, en el Cercado de Lima, donde habrá servicios y talleres con miras a conseguirles un empleo.

“Pienso ir. No solo habrá techo y comida, sino talleres para que podamos aprender y tener un trabajo estable. No supe aprovechar las oportunidades que tuve en la vida, pero esta sí la voy a aprovechar. Estoy decidido”, afirma Alberto luego de hacer sus ejercicios junto a otros albergados a los que llama hermanos.

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La nueva Casa de Todos tendrá un área de 4 mil metros cuadrados y estará lista en 45 días porque será construida con arquitectura modular (técnica usada en campamentos mineros).

Refugiados practican deporte en La Casa de Todos. (Jesús Saucedo)
Refugiados practican deporte en La Casa de Todos. (Jesús Saucedo)

“Es la primera construcción que usa la tecnología modular a este nivel. No solo tiene la ventaja de la rapidez, sino que es antisísmica, retardadora de fuego y permite variar la estructura a través del tiempo”, explicó a Perú21 Miguel Ríos, el coordinador general de la Casa de Todos.

Detalló que atenderán a 120 personas al año. Todas deberán pasar por un periodo de adaptación y ganar las aptitudes sociales, lo que tardará de 10 a 15 meses.

“Con el trabajo social, podemos reinsertarlas de manera laboral y que tengan un estilo de vida distinto. No es asistencial, te cambia la vida y regresa a la sociedad”, añade.

El lugar contará, además, con una posta médica, espacios deportivos y áreas verdes que también estarán al servicio de los vecinos, que de momento han manifestado un rechazo al proyecto.

Ríos explicó que vienen conversando con los dirigentes y explicando el proyecto. Espera que suceda lo mismo en Acho, donde la sociedad se integró con los albergados. Ellos quieren cambiar.

DATOS

-Hay 19 albergados que han sido reconocidos por sus familias. Para su regreso a casa, deben pasar por un proceso de evaluación de psicólogos y asistentas sociales.

-Los adultos mayores, dependiendo del caso, irían al hogar Canevaro, con capacidad para 350 personas más.

-Las donaciones se pueden hacer a través de y Yape. La meta es US$1 millón.

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