Germán Málaga, profesor e investigador de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. (Foto: UPCH)
Germán Málaga, profesor e investigador de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. (Foto: UPCH)

El médico internista e investigador principal de la pasa sus días en el laboratorio y el hospital. Investiga al milímetro la eficacia de la vacuna de Sinopharm que está por llegar al país.

El gobierno anunció un nuevo confinamiento para Lima y otras regiones. ¿Cuál es su opinión?

Este confinamiento tiene que venir acompañado de mensajes claros para la población y de educación, por ejemplo: “Si tienes síntomas, quédate en cuarentena”. Debe haber un soporte para las personas que hagan la cuarentena, no solo económico, sino también sanitario. De otro lado, tiene que haber un sistema que permita –lo que ahora no se ha hecho con eficiencia– la detección de casos, aislamiento de casos y detección de contactos. De modo que se pueda detener la expansión de la infección y parar el número de contagios, que es lo que se necesita.

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En el gobierno anterior (Vizcarra) se implementó el para la detección. ¿Se debe continuar con este programa?

El plan Tayta tiene dos problemas. La idea era buena –salir a la comunidad desde el primer nivel de atención y contener la epidemia– pero tenía un problema serio de concepto: diagnosticaba con prueba rápida (PR). Las pruebas rápidas detectan a las personas después del séptimo u octavo día de enfermedad. Entonces, si tú tienes síntomas dos días, te sale la PR negativa y te mandan a tu casa cuando estabas en el estado que contagiaba más. Dejaba de diagnosticar a los que contagiaban. Y el segundo gran problema es que estaba basado en la medicalización de la sociedad con los kits COVID, reparto de antibióticos y de ivermectina.

Ahora los laboratorios hacen pruebas de antígenos. ¿Estas son efectivas para la detección?

Si hemos aprendido la lección, podemos aplicar el plan Tayta con pruebas moleculares o las rápidas antigénicas. Hace pocos días, la Universidad San Marcos ha sacado una prueba antigénica muy barata. Desde el punto de vista de salud pública, la persona detectada es aislada y así se evita que esa persona contagie. Si cada persona contagia a tres personas y puedes detectar a mil contagiados, te ahorras tres mil casos. Así lo multiplicas y se vuelve exponencialmente una ola de prevención de contagios, y eso no se ha hecho hasta ahora en el Perú.

En nuestras redes nos preguntan cómo identificar si el contagio por COVID-19 es por la nueva variante...

Hasta ahora es una sospecha que las personas que tuvieron COVID no han desarrollado un sistema defensivo para las nuevas variantes. Por ejemplo, el desempeño del COVID en Manaos, donde se supone que ya había una inmunidad de rebaño en el sentido de que el 70% tenía anticuerpos por la primera ola y, a raíz de esta segunda crisis, es una teoría, el sistema de defensa construido no sea bueno contra esta nueva variante; aún no se ha corroborado. En Lima sabíamos que solo el 35% de la población tenía anticuerpos, el 65% estaba vulnerable en esta segunda ola. Lo que sí ha cambiado ahora es que las personas se enferman más rápido y hacen síntomas graves más rápido y evidentemente hay mayor contagio. Ya es tiempo para pensar que cualquier síntoma respiratorio, gastrointestinal puede ser COVID hasta que se demuestre lo contrario.

¿Qué pasó con la voluntaria del ensayo de Sinopharm que falleció esta semana?

Al equipo de investigación y a mí nos ha generado una gran congoja. Nosotros hemos seguido de cerca a la voluntaria. Lamento que haya habido tanto morbo de una parte de la prensa con relación a este caso. Hay que tener en cuenta que este es un ensayo clínico que está probando una vacuna para prevenir COVID y esta enfermedad tiene mortalidad. Lo que se busca con las vacunas es que no te dé COVID, y si te da, que no te sea de una forma severa y que la persona no contagie. Pero hay que tener en cuenta que hay un tercio de vacunados que están recibiendo placebo. Si estamos tratando de prevenir una infección mortal, es posible que haya muertes dentro de los 12 mil voluntarios. Tenemos cuatro voluntarios hospitalizados por diferentes motivos, pero ninguno relacionado con la vacuna. En una población tan grande pasan cosas. No hay otra forma de probar si las vacunas funcionan. Creo que hay una cultura muy pobre, incluso en el gremio médico, y poco conocimiento de lo que constituye un ensayo clínico de esa magnitud.

El Instituto Nacional de Salud (INS) intervino.

El entre regulatorio que es el INS hizo una visita inopinada. Vigilaron nuestros files. Estuvimos todo el día con ellos. Tuvimos que explicar el caso para que nos permitan abrir el ciego (reserva de historia clínica). Detrás de un ensayo clínico hay una logística muy controlada muy vigilada. No es tan fácil decir ‘pasó tal cosa, levanto el ciego’. Para eso se tiene que pasar todo un mecanismo que protege la integridad del ensayo clínico.

¿Qué le diría a esa gente que despotrica de las vacunas y de los estudios científicos?

Lo primero que tendríamos que tener en claro es que va a venir una tercera ola. ¿Y hasta cuándo van a venir olas? Hasta que estemos todos inmunizados. La única forma válida para estar inmunes es que el 70% de la población sea vacunada. El COVID nos está destrozando como sociedad. Si queremos al Perú y somos ciudadanos de bien, deberíamos apostar por las vacunas. Si una persona es anticavuna, es tremendamente ignorante o es antipatriota. De otro modo no se entiende cómo puede haber tanta gente detrás generando morbo y desinformación. La tercera ola ha sido tan intensa en Alemania, que los ha revolcado. Alemania reporta mil muertos al día. Si seguimos con esta idea de que menos del 50% de la población no se quiere vacunar, no vamos a ser viables como sociedad en un año.