(Jaime Cabrera Junco)
(Jaime Cabrera Junco)

Por Jaime Cabrera Junco en Twitter

El nuevo nombre del expenal San Pedro es el más hacinado del Perú y alberga a algunos de los delincuentes más peligrosos del país. Sin embargo, en esta selva de cemento y barrotes de metal, hay un grupo de internos que intenta enmendar el rumbo y que procura que su estancia en prisión sea más sobrellevadera. Este es el caso, al menos, de un grupo de internos del Pabellón 16 que participó en una charla de animación a la lectura organizada por la Dirección de Bibliotecas Académicas y Especializadas (DEBAE), de la Biblioteca Nacional del Perú, dependencia que periódicamente visita los establecimientos penitenciarios de Lima y Callao.

Cuando me hicieron la invitación para dictar una breve charla sobre la importancia de la lectura, admito que la curiosidad por conocer esta prisión me impulsó a aceptar de inmediato. Gracias a Rosa Facio, quien trabaja en la Biblioteca Nacional, había escuchado hablar del programa , en el que ya había participado el escritor Oswaldo Reynoso hablando sobre su famosa obra Los Inocentes. Recordé la frase de este maestro sobre que la lectura nos hace libres, y que en circunstancias como esta alcanza un mayor significado. Pensé, además, en Miguel de Cervantes, quien en la prisión de Argel concibió El Quijote, y cómo en los amargos días de encierro, César Vallejo compuso algunos grandes poemas de Trilce, como el XVIII que empieza con los versos: Oh las cuatro paredes de la celda/Ah las cuatro paredes albicantes/que sin remedio dan al mismo número.

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