(La República/USI)
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Uno de los 14 trabajadores del Instituto Nacional Penitenciario () del (Puno), contó los momentos críticos que vivió junto al resto de los rehenes durante las 37 horas que duró su cautiverio.

"Yo puedo soportar golpes, pero creo que nadie está preparado para que jueguen con su vida. Eso es lo peor. Nos pusieron un arma en la cabeza y constantemente nos amenazaban de muerte", relató a un diario local Ricardo Yanque, uno de los agentes del INPE que fue de los últimos en recuperar su libertad.

Como se recuerda, los rehenes fueron liberados en dos grupos: el primero, –compuesto por seis empleados del INPE y una trabajadora social– salió del recinto carcelario el miércoles 14 de noviembre, mientras que los restantes recuperaron hicieron lo propio el día jueves 15.

Como parte de las negociaciones con las autoridades, unos 38 reclusos fueron enviados al penal de La Capilla, en Juliaca. Entre los reos trasladados, figura el temible delincuente .

"La mayoría estuvimos retenidos en el pabellón 1. No nos maltrataron, pero en todo momento nos amenazaron con matarnos. La situación empeoraba cada vez que no se llegaba a un acuerdo", señaló Yanque.

Sin embargo, el agente indicó que en ningún momento los reos les dejaron de dar alimento y bebida. "En esa parte, no nos podemos quejar. Nos trataron bien bajo esas circunstancias. Pero vivir con la amenaza de muerte era terrible", afirmó.

En ese sentido, resaltaron que la asistenta social no fue maltratada ni lastimada durante el secuestro. "Hubo amenazas y en los momentos más tensos de las negociaciones uno no sabía si podía salir vivo o muerto", añadió.

Cabe indicar que el comité a cargo de las negociaciones con los presidiarios no logró que estos entregaran las 15 ametralladoras que tenían en su poder.