Jennifer y Nayeli son dos adolescentes de 15 y 16 años, respectivamente. Cuando conversas con ellas pareciera que sus edades se multiplicaran por tres por las maduras y centradas respuestas que ofrecen. Cada una es distinta, cada una tiene una historia por contar. Lo único que tienen en común son sus enormes ganas de cambiar este mundo. Y algo más: ambas han podido conocer, frente a frente, a su cantante favorito.

y son sus ídolos. Mientras que Jennifer no para de cantar 'Photograph', Nayeli no se cansa de escuchar cada tema del disco 'Purpose' del canadiense. Dicen que los sueños se cumplen para las personas luchadoras y valientes. Así sucedió. Las batallas que libran cada día para hacerle frente a la leucemia linfática y a la insuficiencia renal demuestran que Jennifer y Nayeli son diferentes. Ellas son un par de heroínas.

"Ed Sheeran es mi artista favorito porque cuando yo estaba internada en el hospital, en mis quimioterapias, yo escuchaba mucho sus canciones. Significan mucho para mí porque hablan de su familia y yo no podía abrazar o tocar a mis papás en ese tiempo. Solamente los veía desde una ventana. Estuve así por 40 días", cuenta Jennifer con una sonrisa y una tranquilidad única, como si ninguna enfermedad la aquejara.

La 'sheeranlover' conoció al cantante el pasado 13 de mayo, día en que el intérprete británico se presentó en la capital para ofrecer un concierto en el Estadio Nacional. El intermediario entre esta niña peruana y Ed Sheeran fue una organización que busca cumplir los deseos de estas personas que no se rinden ante las adversidades. se convirtió para Jennifer y Nayeli en el hada madrina que todos quisiéramos tener.

Nayeli es de aquellas personas que la tienen clara. Sabe a lo que apunta y lo que quiere. Así lo confirma su madre: "Es muy valiente para su corta edad, tiene una fortaleza tremenda. Ha sabido superar todo con mucha alegría porque a todo le encuentra una broma. Ella puede estar sintiéndose mal pero siempre me dice 'yo tengo que estar bien'".

Pero, como toda madre, a Liz le afecta cada vez que vienen esos recuerdos horribles de cuando vio a su única hija muy débil después de la primera diálisis que tuvo Nayeli. "El episodio más fuerte que tuvimos fue el comienzo. La primera vez que entró a diálisis, pareció que la había mandado al paredón. Salió muy mal de la sala y ahí fue cuando me dijo 'mamá, no creo que lo logre, no puedo'. Yo trataba de darle ánimos. Estaba tan mal. Su cuerpecito en ese entonces pesaba 45 kilos, me daba miedo tocarla", narra Liz entre sollozos y con un trozo de papel higiénico en la mano.

— Diario Perú21 (peru21noticias) 4 de junio de 2017