Un servidor de limpieza pública cuenta cómo se enfrenta a la pandemia por el coronavirus. (Leandro Britto / GEC)
Un servidor de limpieza pública cuenta cómo se enfrenta a la pandemia por el coronavirus. (Leandro Britto / GEC)

Este domingo se celebra el y el (Unicef, por sus siglas en inglés) rinde un homenaje contando las historias de cuatro padres peruanos que en estas circunstancias enfrentan el desde la primera línea de defensa.

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Yampier Patiño es bombero y enfermero, trabaja en la unidad de cuidados intensivos (UCI) del atendiendo exclusivamente a pacientes con COVID-19. Yampier tiene días donde el peso de ver morir a las personas que estaban hospitalizadas lo quiebra como ser humano. Pero es en esos momentos piensa en Xiomara, su hija de 2 años, para reconfortarse.

Hace tres meses que no puedo estar con ella, abrazarla, besarla. Y por eso, para que la pandemia termine y pueda ir a verla, que trabajo todos los días, con el ánimo al tope y diciéndome que este día, ese virus no nos va a ganar”, cuenta el bombero.

En la , adonde acuden los pacientes sospechosos y confirmados de coronavirus sin síntomas, trabaja el médico cirujano Víctor Soles. Para él es duro tener que separar a familias, en toda su experiencia profesional nunca se había conmovido tanto como ahora, cuando padres y madres sanos deciden no se separarse de sus hijos infectados y a pesar de los peligros, se quedan con ellos a pasar la enfermedad en la Villa.

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“No hay amor más grande en la vida que ser padre. Yo lo vivo con mi hija Fabiana de 9 años. Solo nos vemos por la computadora porque tengo que cuidarla y no llevarle el virus. Ella me tiene que ver bien, le tengo que contar cómo fue mi día, y ella me dice cómo le va con sus clases del cole, me cuenta de sus juegos, de cómo pasa su día. Conversamos mucho. Podría decirse que ese es el momento más feliz para mí, en lo personal”, relata Soles.

A Jaime Fernández, servidor de limpieza pública, la pandemia le ha dado muchos sustos. Una vez lo tuvieron que aislar por una sospecha de contagio, pero cuando su prueba salió negativa, se puso su uniforme verde y regreso a las calles a trabajar como lo ha hecho desde hace 12 años en el cercado de Lima.

Es un trabajo duro porque las personas desechan sus guantes y mascarillas y hay un alto riesgo de contagio, varios amigos han dado positivo y otros han fallecido, pero debemos seguir trabajando. Lo bueno de mi día es que puedo llegar a casa, sentarme a la mesa con mis hijos, compartir una merienda con ellos, escuchar lo que han hecho en el día. Ver a mi familia unida, ver a mis hijos crecer bien, que no les falte nada, tener un trabajo seguro, eso es para mí ser un padre. Que ellos sepan que voy a luchar siempre para darles lo mejor”.

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El chofer de , Michel Valdivia, diariamente debe trasladar a los pacientes que han superado la enfermedad hasta sus domicilios. Dice que todos cuentan historias diferentes: “Hay familias enteras que regresan, pero incompletas. Eso es triste. Regresar solo con las cenizas de tu ser querido es muy doloroso. Eso me golpea fuerte. Por eso, para mí el regresar a casa y encontrar a mis hijas lo es todo. Ellas son mi motor y motivo para seguir adelante. Ellas me sienten cuando llego conmovido y allí es cuando más me hacen juegos y tratan de bajarme la carga que llevo”.

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