Patricia Gamarra López (35) recuerda al detalle los fatídicos sucesos del pasado 2 de febrero. Pasó toda la tarde en el , acompañando a su hermana, Mercedes Gamarra, internada por un cuadro de dolores en la vesícula. Por la noche, se dirigió a su casa, donde tuvo que acostar a sus tres hijos y cuatro sobrinos. Parecía que la calma había llegado. Se fue a dormir.

Una llamada la despertó a las dos de la mañana del día siguiente.

–Patricia, todo ha salido mal. Mercedes va a morir —le dijo su cuñado desde el hospital.

Patricia quedó en shock. La noche anterior se había despedido tranquilamente de su hermana mayor, de 37 años. Sabía que la operación a la que la someterían durante la madrugada no era complicada, y confiaba en que por la mañana ella estaría recuperada, sin dolores, y dispuesta a regresar a casa a ver a sus hijos. Desde aquel 3 de febrero de 2016, Mercedes permanece en estado vegetal. "Mi hermana entró caminando al hospital y ahora está tirada en una cama sin poder moverse", relata Patricia Gamarra, sin poder contener las lágrimas.

Estado crítico

Al lado suyo se encuentran sus padres Igidora López (60) y Teodoro Gamarra (65). Ellos han llegado desde Tarma (Junín) para acompañar a su hija. Por ahora, todos viven en la casa donde Mercedes ya no está: una pequeña vivienda de madera de no más de 10 metros cuadrados. Dos camarotes se reparten para diez personas. Más de una docena de fotografías tapan una de las paredes que la tierra y la humedad han oscurecido. En Ventanilla el frío es inclemente.

La vida le ha cambiado por completo a la familia Gamarra López desde que Mercedes Gamarra está en estado vegetal. Su padre, Teodoro, se levanta a las 6 de la mañana. Toma una combi que lo lleva hasta el hospital y llega a las 7 en punto. Pasa los primeros minutos del día con su hija. Revisa su higiene, si no ha sufrido algún percance. Ha dejado todo lo que posee en Tarma, incluso su trabajo. Pero no ha dejado ningún día de ver a su hija.

Su hermana Patricia deja a sus hijos y a los de Mercedes en un colegio cercano. Llega al hospital a las 9:30 de la mañana. Lo hace llevando el desayuno de Teodoro. Así ha transcurrido cada día desde febrero. Patricia, al igual que su padre, también se vio obligada a dejar su empleo.

En casa, Igidora, la madre, muestra una olla de agua donde unas papas pequeñas flotan. "Esto es lo que comemos, ya no sé que más darle a mis nietos", cuenta desesperada, llorando.

El esposo de Mercedes Gamarra estuvo acompañándola solo un mes. Luego se fue. La abandonó a ella —en el hospital, en estado vegetal— y también a los cuatro niños. Desde el Hospital de Ventanilla han explicado el caso de la siguiente manera: Mercedes llegó a sala de anestesia a las 9 de la noche. Una evaluación indicó que no poseía riesgo alguno y posteriormente el anestesiólogo Dr. Carlos Ramírez procedió a la inducción. Allí empezarían las complicaciones.

Negligencia

El director del nosocomio, David González Saenz, declaró a Perú21 en su oficina:

"En un primer momento no se le puede realizar la intubación. El anestesiólogo lo intenta hasta tres veces, todas fallidas. Pide el apoyo a Unidad de Cuidados Intensivos, quien intenta hacerlo por dos veces más, sin éxito (…) Tenía un problema con su tráquea, una malformación".

Durante ese proceso, Mercedes sufrió una hipoxia, es decir, su cuerpo dejó de recibir suficiente oxígeno, ocasionándole un daño neurológico irreversible. Tuvo que ser trasladada a la UCI con un ventilador artificial.

Gonzales Saenz, director del Hospital de Ventanilla, agregó otro dato para tratar de esclarecer el problema de la intubación. "Era una paciente obesa, de cuello muy corto", dijo.

Pero una de las médicos que estuvo presente ese día sostiene otra versión.

El 30 de marzo, un mes y medio después de la negligencia ocurrida con Mercedes Gamarra en el hospital, la Dra. Analdy Romero remitió un informe al Jefe del Departamento de Cirugía y Anestesia, Dr. Luis Bernaola, para indicarle que se presentaban deficiencias en los dos únicos equipos de anestesia que posee el establecimiento de salud, los cuales fueron comprados en 2015.

En el informe se hace referencia al caso de Mercedes Gamarra, como una de las pacientes que habría sido una presunta víctima del uso de estas máquinas. La Dra. Romero pidió además que se le cambie de área, con la intención de deslindar de futuras responsabilidades administrativas y legales.

"Yo objeté al encargado y les dije que (las máquinas nuevas) eran muy obsoletas y que no aseguraban calidad en la anestesia", apunta a Perú21.

También figura otra denuncia llegada a la Procuraduría Anticorrupción del Callao. Allí nuevamente aparece el nombre de Mercedes Gamarra como una de las presuntas víctimas de las máquinas anestesiólogas.

Respuesta del hospital

El director del Hospital de Ventanilla, Dr. David Gonzales Saenz, señaló que las máquinas anestesiólogas están en perfecto estado y que fueron "compradas de acuerdo con el presupuesto" que se les otorgó. Incluso, refiere que personal del Ministerio de Salud acudió a realizar un peritaje, verificando su buen funcionamiento.

González Saenz dijo a Perú21 que tras lo ocurrido con Mercedes Gamarra, el pasado 3 de febrero, se inició una investigación interna para dar a conocer lo que realmente ocurrió.

Además, el director del hospital afirma que se preparó un documento que concluye que la señora Mercedes nunca tuvo contacto con alguna de las dos máquinas de anestesia cuestionadas, y que los problemas de intubación fueron producto de las labores de inducción. Vale precisar que Perú21 no pudo tener acceso a dicho documento.

Por otro lado, este caso dio pie a que a que la Procuraduría Anticorrupción del Callao presentara a fines de mayo una denuncia contra el director del hospital, David Gonzales, por el presunto delito de corrupción en la compra de las dos maquinas de anestesia del hospital.

El caso aún se encuentra en Investigación preliminar en la Fiscalía Provincial Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios de Ventanilla. La familia de Mercedes Gamarra no se cansa de pedir ayuda. Teodoro Gamarra, su padre, apunta que el personal que atiende a su hija le ha limitado el uso del ciertos medicamentos y pañales. Incluso señala que ha ido innumerables veces a la oficina del director del hospital para pedirle respuestas, pero casi siempre le han respondido lo mismo: "No se encuentra".

PRONÓSTICO RESERVADO

"Cuando pasó todo, el Dr. Carlos Ramírez (anestesiólogo), vino a hablar con nosotros y nos dijo que nos apoyaría en todo, que él se iba a hacer responsable" —dice Patricia Gamarra su hermana—. Ahora ya desapareció, ya no nos ayuda nada. Dice que le han prohibido subir al piso".

Patricia, además, no cree en la explicación que le brindaron en el hospital: "Si ella hubiera tenido una malformación en su tráquea (y que por eso no la pudieron intubar) ella hubiera tenido problemas para comer, para respirar. Ellos me vienen a engañar. ¿Por qué no le sacan una placa?".

Eso no es todo. Patricia afirma que el personal del hospital ya le ha comunicado que dentro de pronto tendrá que llevarse a su hermana. "¿A dónde?", se pregunta indignada. En su casa no podría recibirla, pues no es el lugar adecuado para tratarla con los cuidados que merece.

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