Los días previos al inicio del estado de emergencia, los negocios y asiduos visitantes al minimizaban la letalidad del COVID-19. Las discotecas y bares atendían con normalidad en el jirón de la Unión, donde las estatuas humanas eran las estrellas de las calles. Y en la alameda Chabuca Granda, entre vendedores de anticuchos, picarones y butifarras, sonaban canciones y se veía a parejas de enamorados ancianos bailando valses.

Con el confinamiento y el toque de queda la situación cambió. El Centro lucía como pueblo fantasma, con las luces apagadas y las calles vacías. Con casi 100 días de estado de emergencia, la situación es difícil para los empresarios que buscan reabrir sus negocios. Entre ellos, los tradicionales restaurantes del Damero de Pizarro, que ahora han vuelto a funcionar aunque de a pocos.

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TIEMPOS RECIOS

En la cuadra 2 del jirón Santa Rosa (exjirón Miró Quesada) funciona desde 1995 el Manhattan, un elegante restaurante conocido por sus exquisitos platos como el Lomo saltado y otros en base a pescados y mariscos. Por la pandemia, los tiempos cambiaron según nos cuenta su administradora María Luisa Chang. “Ni siquiera la época del terrorismo nos ha golpeado tanto a los negocios, al sector gastronómico”, declaró a Perú21.

Pese a ello, el Manhattan se ha adaptado a las limitaciones impuestas por las autoridades sanitarias a raíz de la pandemia, por lo que hacen servicio de delivery y recojo de platos. Todos ponen la mano, desde los dueños hasta los mozos que no han perdido su trabajo. “Somos como una familia”, dice Chang.

Una situación más crítica afronta Don Juan, en la cuadra 3 del jirón Carabaya, donde todas las mesas solían estar ocupadas a la hora del almuerzo para disfrutar de un cómodo y apetitoso menú. Atendían a más de 160 personas al día. Ahora solo venden 8 platos.

La poca afluencia de clientes, una reja que limita el acceso al local más la crisis del COVID, ha agravado su situación y ha llevado a reducir su personal. Hoy cumplen 50 años de fundación y por las bajas ventas, este mes es clave para decidir el rumbo del negocio.

DULCE Y AGRIO RETORNO

La semana pasada reabrió la tradicional churrería San Francisco, ubicada a media cuadra del convento del que tomó el nombre. Abrió hace más de 50 años y el virus no los ha detenido. Cumpliendo los protocolos, han vuelto a ofrecer sus churros con manjar blanco o crema pastelera. Aunque sus ventas han bajado y ya no se ven sus habituales largas colas en la cuadra 2 del jirón Lampa, no pierden la esperanza de reflotar.

Igual piensan en Huérfanos, una tradicional panadería de la cuadra 7 del jirón Azángaro, inaugurada en 1904 y famosa por sus panes, turrones, bocaditos y pastas. La crisis no ha cerrado el negocio pese a que sus ventas han caído al 50% y el personal se ha reducido en 20%.

Le pasa algo parecido a la pastelería San Martín, que desde 1930 atiende en la plaza del mismo nombre. Se han adaptado a los requerimientos de salubridad y ya ofrecen sus clásicas rosquitas, empanadas y turrones.

Aunque la situación es dura, más fuerte es el deseo de todos estos negocios de salir adelante. Por la tradición de sus marcas y la lealtad a sus clientes.

DATOS:

- Otro restaurante que ha vuelto a funcionar es El Chinito, ubicado en el jirón Azángaro, frente a la Plaza Mayor. Pese a las dificultades que trajo la crisis, continúan atendiendo al público. Su local tradicional del jirón Zepita también atiende.

- Otros locales que eran de obligatoria parada en el Centro antes de la crisis también han vuelto a operar. Entre ellos la pollería Beguis, Mi Tercer Lugar, R18, la trattoria Vermona y Papas Queen’s.

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