El doctor Jorge Fernando Ludeña Del Águila, médico del Centro Médico Santiago Apóstol de Comas, tenía 53 años cuando falleció.
El doctor Jorge Fernando Ludeña Del Águila, médico del Centro Médico Santiago Apóstol de Comas, tenía 53 años cuando falleció.

Alonso Ludeña Esquivel, su hermano, y su madre escucharon al doctor Jorge Fernando Ludeña Del Águila narrarles detalladamente lo que vivía cada día en el Centro Médico Santiago Apóstol de Comas. “Sabíamos que había un riesgo y papá lo tenía claro”, comenta Alonso, estudiante del cuarto año de Medicina. El 3 de junio pasado, su padre, su ejemplo, falleció víctima del . Hoy, en medio de una segunda ola y de nuevas medidas de confinamiento, solo espera que los peruanos se cuiden, que no relajen su seguridad, que se protejan y cuiden a los suyos.

“Como muchos médicos mi papá optó por trabajar por sus pacientes en esta pandemia, como buen médico se puso a disposición de su pueblo en la primera línea de defensa contra el coronavirus. Cada vez que llegaba a casa nos decía: “Esto es una desgracia, no hay mascarillas, oxígeno y muchos pacientes fallecen, y no puedo darme el lujo de pedir licencia, mis pacientes me necesitan”. Un día retornó y dijo que se sentía cansado. Era mayo, cuando todos los hospitales estaban colapsados y abarrotados de pacientes, así que debido a que su condición era estable decidimos atenderlo en nuestra casa, manteniéndolo estabilizado, pero a medida que pasaron los días su salud empeoró. Nos llamaron del Colegio Médico para poyarnos y llevar a mi padre al hospital Santa Rosa, y fue allí la última vez que lo vi”, narra Alonso, quien mantiene intacta su vocación de médico a pesar de lo que vivió su padre, y de todo el miedo que hay en el país ante esta segunda ola.

“Cuando mi padre estaba internado, mantenía comunicación conmigo, pero poco a poco su situación iba empeorando, lo tuvieron que ingresar a la unidad de cuidados intensivos (UCI), fue entonces que acudía todos los días al hospital para lo que necesitara y poder recibir información sobre su estado. Pasaron unos días hasta que recibí esa llamada en la cual me decían que mi padre luchó hasta el final, pero no soportó la enfermedad”, comenta Alonso, quien lo recuerda como un médico dedicado a su profesión y a sus pacientes. Pudo pedir licencia, pero no lo hizo.

Alonso espera que la muerte de tantos peruanos lleve a la gente a cuidarse. A pesar de su juventud, él no sale, y toma las medidas de protección recomendadas. A veces habla con los amigos de su padre, que siguen en la primera línea de lucha contra el Covid-19. “Desde que empezó todo nadie en la familia salió, el único que iba al trabajo era mi padre. No pensamos que esto pasaría”, explica.

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“Perdí a mi padre que era médico pero mi vocación sigue intacta. Los médicos en ejercicio, como mi papá, no estaban preparados para una pandemia, pero se comprometieron y lo dieron todo. Lo siguen haciendo”, remarca. En su voz hay firmeza, y una tristeza que no se va, que quizás nunca se vaya.

NO LOS DEJEN SOLOS

El doctor Gerardo Campos Siccha, directivo del Colegio Médico de Lima, demandó estabilidad laboral para los profesionales de la salud que vienen batallando en la primera línea de defensa contra el Covid-19, debido a que muchos médicos trabajan bajo una modalidad de contratación precaria, como es el CAS, contratos por terceros, médicos suplentes, médicos de las Fuerzas Armadas, sin contar con algún beneficio laboral. Por ello, exigió al Gobierno que revalorice el trabajo médico y dignifique la profesión “brindando estabilidad laboral a nuestros guerreros de bata blanca”.

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