Ni bien se despega del cerro Campanalloc aparece abajo la bella Huamanga. (Martín Sánchez)
Ni bien se despega del cerro Campanalloc aparece abajo la bella Huamanga. (Martín Sánchez)

Si uno es un principiante en el parapente, volar bajo el eterno cielo azul de es como el primer encuentro amoroso. Al despegar desde la más alto del cerro tutelar Campanalloc (3,500 metros sobre el nivel del mar) se siente que el miedo te acribilla por unos segundos. Sin embargo, luego la sensación de gozo, paz y libertad es absoluta.

Mientras subimos y bajamos haciendo giros gracias a la corriente térmica y a la destreza del parapentista belga Christoph Van Daele, la vida parece recién creada. Es que el buen clima y los tonos cálidos permiten apreciar nítidamente bellísmos bosques de taras y de retamas, así como melancólicos árboles de molle.

El pasaje es sobrecogedor y el frío también mientras volamos hacia los extramuros de la ciudad de Ayacucho para observar la ciudadela Wari y luego la histórica pampa de Quinua, donde se selló la independencia.

El terrorismo ha destruido muchas cosas aquí pero el tiempo se ha enamorado de otras. Por eso aún quedan intactos pueblos de fantasía y ceramistas de renombre que luego de realizar este tour alado puede conocer junto a guías locales o, si le gusta viajar solo, consultando a (i) Perú.

DATO

- Un vuelo en parapente (incluida filmación y traslados) cuesta 150 soles. Teléfono: 966-968146.